La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, Gabriel García Márquez


“Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado.”

Estas fueron las primeras palabras que leí del maestro. Todavía recuerdo cómo fue, quién me las hizo leer, y el trabajo en clase que llevamos a cabo después de la lectura. De esto hace más de treinta años, y ahora, tras todo ese tiempo de tenerlo en mi memoria, me he encontrado con esta maravilla en un puesto de libros usados de Santo Domingo y no he tenido más remedio que comprarlo. Y lo cierto es que para mí este libro, de apenas ciento sesenta páginas, contiene más literatura que el noventa por ciento de los libros publicados en un año, entre los cuales incluyo los míos y todos los próximos que pueda hacer. No siento ni siquiera que tenga derecho a reseñarlo, pues cualquier cosa que diga sobre este autor debería recitarla de rodillas y con la cerviz plegada a la altura del pecho, pues nunca nadie ha conseguido hacerme saltar de la silla o de la cama al leer sus frases como ha conseguido él, ni vuelvo para atrás en un texto ya leído, como me ocurre con el autor colombiano. Es como si pudiese degustar una y mil veces el mismo postre, siempre de sabor espectacular, y siempre con un diferente aroma al cruzar el paladar.

La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada es el compendio de una novela corta de este mismo nombre y seis cuentos, todos distintos pero a la vez ligados por la magia de sus escenificaciones por el nexo común de los paisajes de la Guajira, un desierto entre las fronteras de Venezuela y Colombia, un lugar de una belleza extrema, y de una dureza aguda, con vientos incesantes y un mar que brama como un océano en sus costas, un mar por cierto en el que tuve la fortuna de bañarme y dormir bajo sus estrellas embutido en un chinchorro que colgaba de dos palos.

Es justo reconocer que se nota en la novela que son los primeros pasos del autor por esos mundos imaginarios que sólo él supo construir, y que derivarían todos en el fabuloso pueblo de Macondo, y de los que os dejo un par de perlas

De "Blacamán el bueno", "En sus tiempos de gloria había sido embalsamador de virreyes, y dicen que les componía una cara de tanta autoridad que durante muchos años seguían gobernando mejor que cuando estaban vivos."

De "El mar del tiempo perdido", "Era, en efecto, un mar cruel. En ciertas épocas, mientras las redes no arrastraban sino basura en suspensión, las calles del pueblo quedaban llenas de pescados muertos cuando se retiraba la marea. La dinamita sólo sacaba a flote los restos de antiguos naufragios. Las escasas mujeres que quedaban en el pueblo, como Clotilde, se cocinaban en el rencor."

De "Un señor muy viejo con unas alas enormes", "Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, ... El mundo estaba triste desde el martes."

¿Qué más se puede decir?, reconozco que se cae la baba al leer a García Márquez, pero es lo que siento, para mí es un autor muy por encima del resto. No sólo nos transporta con sus palabras a lugares increíbles, sino que además los hace mágicos, realmente mágicos, crudos, tiernos, lúgubres, luminosos, creíbles y absolutamente imposibles. Todo conjugado además en un cóctel tan bien combinado que se necesitan muchos tragos para descubrir todos los ingredientes.

És más, lo he disfrutado tanto que creo que voy a correr a refugiarme en las páginas de Amor en los tiempos del cólera como si fuera un como un náufrago llegando a su isla desierta.


Resumen (editorial)

Este libro excepcional reúne la novela corta que le otorga su título y otros seis relatos más, de los que todos menos uno pertenecen a la etapa de plena madurez del escritor. Fueron los años en los que Macondo le abrió las puertas del realismo mágico: la frase se hace más larga y caudalosa, la realidad se expresa mediante fórmulas mágicas y legendarias, los milagros se insertan en la vida cotidiana. La cándida Eréndira y su abuela desalmada personifican la inocencia y la maldad, el amor y su perversión, y el relato recuerda al mismo tiempo las gestas medievales y los cantos provenzales o trovadorescos, aunque, como siempre, inmersos en ese mundo denso y frutal del Caribe americano. Estas siete narraciones no son ejercicios de estilo, sino siete exploraciones en el mundo definitivo que el escritor había conquistado de una vez por todas.

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