La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, Gabriel García Márquez

Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado.

Estas fueron las primeras palabras que leí del maestro. Todavía recuerdo cómo fue, quién me las hizo leer, y el trabajo de literatura que llevamos a cabo después de la lectura. Hace más de veinte años.

Ahora me he vuelto a encontrar con este libro, que compré de segunda en un puesto de libros de Santo Domingo y me da vergüenza incluso comentarlo. Debería escribir de rodillas, con la cerviz plegada a la altura del pecho y no demostraría la devoción que siento hacia este escritor. Nunca nadie ha conseguido hacerme saltar de la silla o de la cama al leer sus frases. Muy pocas veces vuelvo para atrás en un texto ya leído, como hago con García Márquez. Es como si pudiese degustar una y mil veces el mismo postre, siempre de sabor espectacular, y siempre con un diferente aroma al cruzar el paladar.

Este libro, de apenas ciento sesenta páginas, contiene más literatura que el noventa por ciento de los libros publicados en un año, entre los cuales incluyo el mío y los próximos que pueda hacer.

Una novela corta (que le da título) y seis cuentos, todos distintos y a la vez ligados por la magia de sus escenificaciones, por el nexo común de los paisajes de la Guajira, un desierto entre las fronteras de Venezuela y Colombia, de una belleza extrema, y de una dureza aguda, con vientos incesantes y un mar que brama como un océano en sus costas, en las que tuve la fortuna de bañarme y dormir bajo sus estrellas embutido en un chinchorro atado entre dos palos.

Se nota en la novela que son los primeros pasos del autor por esos mundos imaginarios que sólo él supo construir, y que derivarían todos en el fabuloso pueblo de Macondo. Dejo un par de perlas.

De "Blacamán el bueno", "En sus tiempos de gloria había sido embalsamador de virreyes, y dicen que les componía una cara de tanta autoridad que durante muchos años seguían gobernando mejor que cuando estaban vivos."

De "El mar del tiempo perdido", "Era, en efecto, un mar cruel. En ciertas épocas, mientras las redes no arrastraban sino basura en suspensión, las calles del pueblo quedaban llenas de pescados muertos cuando se retiraba la marea. La dinamita sólo sacaba a flote los restos de antiguos naufragios. Las escasas mujeres que quedaban en el pueblo, como Clotilde, se cocinaban en el rencor."

De "Un señor muy viejo con unas alas enormes", "Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, ... El mundo estaba triste desde el martes."

¿Qué más se puede decir?, todo lo que añada a estas frases es como las tertulias de fútbol, inncesarias, pesadas, aburridas, y, sobre todo, intrascendentes. Cuando el maestro escribe, los demás deberíamos sólo leer.

Se me nota la baba al escribir de García Márquez, pero es lo que siento, es un autor a un par de escalones literarios por encima del resto. No sólo nos transporta a lugares increíbles, sino que además los hace mágicos, realmente mágicos, crudos, tiernos, lúgubres, luminosos, creíbles y absolutamente imposibles. Todo conjugado en un cóctel de frutas tan bien combinado que se necesitan muchos tragos para descubrir todos los ingredientes.

He sentido, después de la relectura de esta obra, la necesidad de coger de nuevo Cien Años de Soledad (que siempre me acompaña), pero no me atreveré a escribir sobre ella en este blog, ni en ningún lugar, y no sólo porque no estaría a la altura, sino porque pertenece a mi más recóndito imaginario y allí debe permanecer.

Este libro, de título anticomercial al máximo, es un camino perfecto para acercarse al universo de García Márquez, el paso necesario para coger la carrerilla previa a El Amor en los Tiempos del Cólera, o a Cien Años de Soledad.

Lo he disfrutado tanto que incluso me ha dado pena acabar este artículo y no hablar más de él.

Resumen (editorial)

Este libro excepcional reúne la novela corta que le otorga su título y otros seis relatos más, de los que todos menos uno pertenecen a la etapa de plena madurez del escritor. Fueron los años en los que Macondo le abrió las puertas del realismo mágico: la frase se hace más larga y caudalosa, la realidad se expresa mediante fórmulas mágicas y legendarias, los milagros se insertan en la vida cotidiana. La cándida Eréndira y su abuela desalmada personifican la inocencia y la maldad, el amor y su perversión, y el relato recuerda al mismo tiempo las gestas medievales y los cantos provenzales o trovadorescos, aunque, como siempre, inmersos en ese mundo denso y frutal del Caribe americano. Estas siete narraciones no son ejercicios de estilo, sino siete exploraciones en el mundo definitivo que el escritor había conquistado de una vez por todas.

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