La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, Stieg Larsson

Antes de publicar este post he releído el que escribí hace unas semanas sobre "Los hombres que no amaban a las mujeres" y, si bien esta segunda entrega me ha gustado, el primero lo ventilé en tres noches agónicas y este me ha costado cerca de tres semanas.

El autor toma esta nueva novela justo al final de la anterior, lo que hace que no se pueda leer de forma independiente, y recupera por tanto los personajes principales, el periodista Mikael Blomkvist y la hacker asocial Lisbeth Salander, que por cierto se ha puesto tetas nuevas.

La novela tiene muchos momentos de hastío importantes, uno de ellos cuando Lisbeth se compra un apartamento y todos vamos de la mano tras ella visitando inmobiliarias, tiendas de decoración, y sobre todo, escogiendo en el Ikea los muebles de su casa. Pero no de una forma genérica, "fui al Ikea y compré lo que me gustó", sino "escogí un sofá cómodo pero funcional, el modelo Svensôndagoberberg, que hacía juego con una mesa camilla Boganadervarlerd, cómoda pero funcional...", desde mi punto de vista, ridículo. No aporta nada a la trama, ni al desarrolo de la novela, ni al conocimiento de los personajes, ni a nada, a no ser que Ikea pagara una parte de la edición...

También hay otros pasajes que nada tienen a ver con la historia, como las primeras páginas dedicadas a las vacaciones caribeñas de Salander, en las que al más puro estilo de Jessica Fletcher en "Se ha escrito un crimen" reconoce a un maltratador y le da caza.

Sinceramente, hasta la página 250/300 de las 749 totales me pareció espantosa, lenta, pesada, datos innecesarios, conversaciones superfluas, en resumen, aburrida, muy aburrida hasta ese momento.

¡Ah! pero a partir de ahí parece que el autor tomó café del Ikea y se dejó de tontear para arrancar con la fuerza narrativa y la velocidad de su primera novela. Desde ese momento sólo eres capaz de cambiar de posición para regenerar la circulación sanguínea de tu cuerpo, porque no hay forma de apartar la vista de la novela.

No tiene un trasfondo tan genial como la primera, ya que el escenario es diferente, pero la trama es extraordinaria, con giros inesperados y la historia vista, narrada y seguida desde cuatro, cinco e incluso seis puntos de acción diferentes que generan una tensión maravillosa.

Supongo que el éxito de la primera novela hizo que las prisas por publicar no dieran tiempo a "reparar" esa primera parte tan aburrida, y que se podría haber solucionado en poco menos de 50 hojas sin necesidad de aburrir de esta forma.

Quizá el señor Larsson es de la escuela de Umberto Ecco...

De todas formas muy aconsejable y adictiva la segunda dosis de las tres cápsulas opiáceas que ha escrito el fallecido Stieg Larsson.

Por cierto, en mi mesilla de noche ya amenaza mis horas de sueño "La reina en el palacio de las corrientes de aire"..., desde luego imaginación en los títulos no le ha faltado.

Fascinante trilogía.

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