Maldito Karma, David Safier


Apurado frente a la única librería de la terminal 1 en el aeropuerto de Barajas, Madrid, y bastante enfadado porque en el hotel me había dejado el libro que estaba leyendo con gran intensidad, La vieja sirena, de José Luís Sanpedro (una maravilla de obra que espero continuar en cuanto tenga opción de comprarla de nuevo en este desierto literario en el que vivo…), perdón, ya me he vuelto a ir de tema. Decía que apurado ante la salida de mi vuelo transoceánico, y sin tener nada que leer a mano, entré en la única librería de la terminal y mi vista reparó en un libro con una cinta que lo anunciaba como Best-seller en Alemania (no sé cuántos millones de ejemplares vendidos), en Francia y en Italia, con un montón de libros vendidos en cada país.

Le di un par de vueltas, a ver que sentía con él en mis manos, como tanteando el melón que se escondía en su interior, y lo compré.

La verdad es que me arrepentí profundamente de la elección, pues entre la hora de espera para salir el vuelo y las dos primeras de viaje ya me lo había pulido y tuve que soportar durante las seis horas restantes los ronquidos de mi acompañante sin más ayuda que las pésimas películas que pasaron en el vuelo. Una pena que trescientas páginas entraran tan rápido, y eso es porque Maldito karma es una novela fácil, muy fácil de leer, divertida (no hilarante), que despierta sonrisas entre sus páginas con frases bien montadas cargada de más ácido que un limón verde y tan surrealista como la vida misma.

No pasará a la historia como una de las novelas que cambió nuestra sociedad, ni como uno de los pilares de la literatura universal, de eso no hay duda, pero es que desde la primera frase de la novela, “El día de mi muerte no tuvo ninguna gracia”, hasta la última “No hace falta nirvana para llegar al nirvana”, la única intención del autor es entretenernos mientras pone nuestras histerias en un espejo deformado para que nos contemplemos y nos burlemos de nosotros mismos.

La historia corre a cargo de Kim Lange, una presentadora de éxito de la televisión alemana, que ha antepuesto ese éxito al resto de facetas personales (familia, amigos, etc.) y que muere el día que le conceden el mayor premio televisivo de su carrera aplastada por el lavabo desprendido de la estación espacial rusa, tras haber mostrado el trasero a 1500 profesionales y a 6 millones de espectadores después de que se le rompiera el vestido en pleno directo en la gala de premios.

A partir de esta absurda y divertida muerte se inicia el periplo de Kim Lange para recuperar lo que siempre debió ser su vida, reencarnándose desde hormiga obrera en sucesivas muertes hasta su reencarnación final. Si bien en cada reencarnación no pierde la memoria, ni la conciencia de quien es. En su aventura se encuentra algún otro ser humano reencarnado en animal, pero el principal compañero de aventuras de Kim es, ni más ni menos, que Giacomo Girolamo Casanova, fallecido el 4 de junio de 1798 y reencarnado cientos de veces, una tras otra, en hormiga (“como hormiga, el acto sexual con la reina era un horror infernal”, palabras de Casanova…). Juntos, Kim y Casanova, empiezan la ristra de reencarnaciones que les llevará a ambos a ser mucho mejores de lo que fueron en sus vidas.

Me atrevería a decir que el señor Safier recrea en su novela una fábula moderna, un cuento protagonizado por animales con una moraleja final, y por eso se lee con tanta facilidad, porque en realidad no es una novela, sino una fábula adaptada a nuestra vida corriente.

Una fábula construida a base de frases ingeniosas y rabiosamente actuales, “Yo sabía que, en comparación con un ensayo de la diabetes, una estancia en Guantánamo eran unas vacaciones con el Club Med”, de humor sarcástico, “mi madre, que sólo jugaba conmigo a en qué mano tengo el cigarrillo”, de reflexión new age, “Y en aquel instante comprendí porque Buda me había devuelto a la vida”, todo mezclado con gracia y ritmo en un contexto contemporáneo, en un entorno familiar (casa pareada, trabajo, éxito, dinero, infidelidad, etc., etc.) que todo el mundo comprende y que facilita que nos situemos de inmediato pues todos tenemos un amigo, o incluso nosotros mismos, que es Kim, o Alex, o Nina, o cualquiera de los personajes de la obra.

Ahí radica, desde mi punto de vista, el éxito de esta novela, justamente en ese mixto de frases ingeniosas, profundas, sarcásticas, rápidas, actuales, cercanas y, sobre todo, cortas ambientadas ahora y aquí, entendiendo aquí por cualquier país occidental. No creo que en el Perú andino comprendieran ni una palabra, ni una de las bromas de la novela.

Un excelente entretenimiento que arranca con una sonrisa ácida en la primera página y que, al mismo ritmo que todos los personajes de la obra, se transforma en una sonrisa dulce en la última de ellas.

Resumen (editorial)

La presentadora de televisión Kim Lange está en el mejor momento de su carrera cuando sufre un accidente y muere aplastada por el lavabo de una estación espacial rusa. En el más allá, Kim se entera de que ha acumulado mal karma a lo largo de su vida: ha engañado a su marido, ha descuidado a su hija y ha amargado a cuantos la rodean. Pronto descubre cuál es su castigo: está en un agujero, tiene dos antenas y seis patas… ¡es una hormiga! Kim no tiene ganas de ir arrastrando migas de pastel tras haber eludido los hidratos de carbono toda su vida. Además, no puede permitir que su marido se consuele con otra. Sólo le queda una salida: acumular buen karma para ascender por la escala de la reencarnación y volver a ser humana. Pero el camino para dejar de ser plagado de contratiempos.

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