El coronel no tiene quien le escriba, Gabriel García Márquez


Cincuenta y seis años lleva esperando el coronel que sirvió a las órdenes del increíble Aureliano Buendía que le llegue su pensión. Cincuenta y seis años yendo cada viernes a esperar las lanchas que traen la correspondencia en espera de una notificación que no llega y que, seguramente, nunca llegará.

Orgullo y miseria, o la miseria del orgullo, quizá habrían sido otros títulos adecuados a esta obra de arte de la literatura, y no tanto por lo que explica, sino por cómo lo hace. En otros artículos ya he manifestado mi admiración infinita por la obra de García Márquez, así que no puedo ser ecuánime. Cuando hablo de este autor soy como una adolescente en el concierto de su cantante favorito, pero aún reconociendo esta fascinación, "El coronel no tiene quien le escriba" es una pieza maestra.

Una pareja, el coronel y su mujer, mayores, míseros en medios y en espíritu. Consumidos por dos ilusiones que la vida les ha arrebatado, el reconocimiento de los servicios del coronel durante la guerra civil, y el único hijo que concibieron.

Toda una vida de frustraciones, de angustias, de miserias compartidas, de esperanzas vanas que se desvanecen con cada ocaso, de orgullo mal entendido, ese orgullo que te ciega ante la cruda realidad de la miseria que vives.

Zapatos tintados, vestidos remendados mil veces y cosidos de retazos, hambre, apariencias, y desencanto. El coronel no tiene quien le escriba es una novela dura, de vidas duras, de hombres y mujeres duros en situaciones duras, pero también de la propia obstinación que a veces nos lleva a callejones tan estrechos que si tienen salidas apenas se vislumbran.

Todo ha de cambiar en cada una de las pocas cien páginas de la novela, en cualquier momento llegará la lancha con la carta que anuncia una pensión por las batallas libradas, la carta que los sacará de la más mísera de las miserias, y que volverá a poner al viejo matrimonio donde siempre debió estar, entre los más reconocidos del pueblo y no entre los que despiertan misericordia y befa a partes iguales.

Además de los dos protagonistas, el coronel y su esposa, y los otros habitantes del pueblo, existe un personaje principal tan importante o más que las cartas que nunca llegan, el único motivo que todavía le queda al coronel para despertar aprecio en el prójimo, un gallo de pelea.

El gallo es lo único que crece a la sombra de tanta miseria. Alimentado con puñaditos de maíz comprados a base de venderse hasta las suelas de los zapatos, va creciendo con la esperanza del gran día, el día en que peleará por primera vez en la gallera y demostrará a todo el mundo de qué es capaz. El gallo que encarna el orgullo del viejo y recuerda la vida infausta del hijo muerto, un pendenciero que murió en una pelea de gallos.

Hacía más de veinte años que no releía esta novela y reconozco que no la recordaba tan cruda. Supongo que la edad se nos mete en los huesos igual que al coronel y la visión de una vejez parecida me aterra. Viejos, solos, abandonados, míseros y despojados de todo menos de la dignidad que da el falso orgullo. Terrorífico panorama en una novela digna de Nobel.

En ella no se aprecia apenas el realismo mágico que tan bien ha recreado García Márquez, quizá en párrafos como este:

"Debe ser horrible estar enterrado en octubre", dijo. Pero su marido no le puso atención. Abrió la venta. Octubre se había instalado en el patio.

Pero en otros como: “Era una mujer construida apenas en cartílagos blancos sobre una espina dorsal arqueada e inflexible”, “Nos estamos pudriendo vivos” o “Toda una vida comiendo tierra para que ahora resulte que merezco menos consideración que un gallo”, lo único que existe es hambre, hambre y más hambre.

Si se recrea un poco la vida del propio García Márquez estremece pensar que mucha de esta hambre la pasó el mismo…

Resumen del libro (editorial)

El coronel no tiene quien le escriba fue escrita por Gabriel García Márquez durante su estancia en París, adonde había llegado como corresponsal de prensa y con la secreta intención de estudiar cine, a mediados de los años cincuenta. El cierre del periódico para el que trabajaba le sumió en la pobreza, mientras redactaba en tres versiones distintas esta excepcional novela, que fue rechazada por varios editores antes de su publicación. Tras el barroquismo faulkneriano de La hojarasca , esta segunda novela supone un paso hacia la ascesis, hacia la economía expresiva, y el estilo del escritor se hace más puro y transparente. Se trata también de una historia de injusticia y violencia: un viejo coronel retirado va al puerto todos los viernes a esperar la llegada de la carta oficial que responda a la justa reclamación de sus derechos por los servicios prestados a la patria. Pero la patria permanece muda....


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