La niebla herida, Joaquín M. Barrero


Cuando publiqué, hace demasiado ya, mi única novela, coincidí en "cartelera" con un señor que desde entonces me pareció admirable. La editora de Ediciones B tuvo la gentileza de contarme algo acerca del sr. Barrero, todo bueno, y su personaje todavía se agrandó más en mi ilusionario.

Ahora, después de casi cuatro años, he tenido la gran fortuna de hacerme con una de sus obras, justamente la que coincidió en los estantes con La Virgen del Sol, La niebla herida, y debo decir que comprendo muy bien porque la novela del señor Barrero ha permanecido en el tiempo y se ha reeditado en varias ocasiones.

La niebla herida rescata un antiguo personaje del autor, el detective Corazón Rodríguez, a quien supongo protagonista de sus novelas anteriores, y de quien hasta la fecha no había oído nombrar, pero que enseguida cala entre el lector y de quien no es necesario el conocimiento previo.

Comienza la novela en los lejanos, y manidos, años cuarenta, en pleno Madrid de miseria, odio, resentimiento, miedo, misería, más miseria, y sobre todo, miseria. La historia de tres chicos que se trunca por la visión casual de un asesinato. Ése es el inicio de la historia que continua hasta el año 2000 y que atraviesa Madrid, Marruecos y Venezuela. Por lo que he leído del señor Barrero, una buena parte debe ser autobiográfica, algo que me ha parecido palpar en cada paraje, en las descripciones de los lugares escogidos para el desarrollo de la novela, en los personajes, en los ambientes, pero sobre todo en los hablares.

Una de las cosas que me ha llamado la atención es la forma de hablar diferente para cada lugar y para cada momento de la historia. Por razones personales conozco de primera mano casi todos los pasajes de la novela y realmente, o el señor Barrero se ha documentado de una manera excelente, o ha vivido en esos lugares, sí señol.

Sólo me atrevo a destacar una cosa que no me ha gustado, que incluso ha sido motivo de saltar varias páginas, y que son los discursos políticos (quizá personales) puestos en boca de los personajes de la historia. Alegatos que a mi entender no contribuyen al desarrollo de la novela, que aportan más bien poco, y que me han parecido pequeños mítines en un contexto del todo inadecuado.

Fuera de esto, que es evidente que se trata de una opinión personal, la novela del señor Joaquín M. Barrero me ha gustado mucho. De hecho me siento feliz de haberla comprado y leído porque me desatascó de otras dos que comencé a leer y que todavía me esperan, desafiantes, en la mesita de noche.

Unos personajes muy bien estructurados, un lenguaje plano, pero no para facilitar la lectura de la novela, sino porque ellos hablan así, unas épocas que a todos nos vienen a la cabeza por otras novelas, por las historias de nuestros mayores, o por el cine. El agradecimiento de una persona a un país en el que vivió y que es uno de los más hermosos del mundo. Y una trama ágil, creíble, rápida, amena, huérfana de saber más de ella en cada página.

Sin duda una buena novela, un "divertimento" de primera magnitud y un ejemplo.

Resumen del libro (editorial)

Junio de 1946. Cuatro niños rateros, obligados a robar debido a las duras circunstancias de la posguerra española, presencian un crimen en el Matadero Municipal de Madrid. Los asesinos los sorprenden, hacen desaparecer a dos de los chavales, y matan al tercero delante de su hermano. Su paradero quedará sin desvelar hasta muchos años después. Septiembre de 2000. El caso de los niños desaparecidos resurge entre la niebla y llega a Corazón Rodríguez, detective privado. Las pistas lo llevan a Venezuela, donde conseguirá encajar todas las piezas. Aun así, el lector obtendrá claves que el investigador no llega a averiguar

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