El caracol de Byron, Rafael R. Costa


Magnífica novela del señor Rafael R. Costa que me ha sorprendido y agradado a partes iguales.

Como bien se indica en el título de la obra, las letras de Rafael nos adentran en la magia que siempre desatan los primeros escalones de una escalera de caracol, y más si ésta pertenece a un viejo y lejano faro. Esa fascinación por la espiral hacia lo desconocido, a lo oculto, a mundos extraños como el que nos presenta el autor, lleno de nombres mágicos, mamá Cesárea, el enano Alboná, María Candiles, la consulesa, y  lugares misteriosos como la Isla Muerta o el penal de Arrancalobos, todos ellos envueltos en una prosa poética, rica y marinera trufada a lo Melville y su Moby Dick con aroma de aventuras de Julio Verne.

Como decía, la novela se desarrolla en un espacio que avanza en espiral hacía el interior de sí mismo, de sus personajes, de sus miedos y sus secretos, hacia esos lugares que todos tenemos ocultos dentro de cajas cerradas en los doble fondos de nuestros armarios más recónditos. Me ha sorprendido que un autor que declara que no pudo con Cien años de Soledad repita en esta obra, para mí la mejor que he leído de él, la trama del gran García Márquez. Por supuesto con las diferencias que separan a ambos autores y siendo sus obras del todo diferentes, pero ambas destilan el halo de espiral que el infinito Gabriel García Márquez desarrolló en su obra magna.

El autor maneja los tiempos, los espacios e incluso el clima con destreza, iniciando la novela como se inicia cualquier espiral, con giros amplios y vagos que se retuercen a modo de chicana endiablada sobre sí misma obligando a los que la atraviesan a salir derrapando a toda velocidad perdiendo algo de control en cada giro. Así avanzan los protagonistas de la novela, apenas cuatro personajes en una bahía acantilada, violenta y esquiva con los mapas desde donde se evocan otras vidas que el autor teje con maestría en una novela excelente. 

Ya en sus primeras líneas se marca con rotundidad la calidad con la que el lector se va a enfrentar durante las casi trescientas páginas de su recorrido:
“La rosa de los vientos es un círculo que representa el horizonte, y que lo divide, como a una ruleta, en incertidumbres limitadas. Tiene treinta y dos rumbos, siempre delineados con delicadeza y precisión, rojos y negros. Cada uno abarca once grados y quince minutos terrestres, y todos juntos acaparan lo que llamamos existencia. Por esta razón geográfica no son más que treinta y dos los caminos de donde puede un hombre elegir para recorrer el trayecto de su vida, porque sabido es que la vida sólo es un punto en la redondez total del destino y uno mismo la aguja imantada presa en el seno de una brújula.
También son treinta y dos los escalones que cuenta un faro, ahora ciego…” 

Extraordinaria.

Resumen de la obra (editorial)

A la remota bahía de Byron llega don Amós, su enigmática presencia cambiará el futuro de los tres habitantes del lugar. 
Fascinados por el paisaje donde están de algún modo encerrados, los personajes dan continuos paseos mientras se cuentan historias y festejan la belleza de un atardecer o de un guiso de pescado. El tiempo no lo marcan los relojes sino las mareas y los paseos y las charlas, mientras se van sucediendo los dulces atardeceres y los temibles aguaceros que pautan los estados anímicos de la trama. Si El caracol de Byron se pasase al cine, tendría que llevar música de Bernard Herrmann.

2 comentaris:

  1. Es inevitable la comparación con Gabriel García Márquez. Creo que es por eso que Rafael dice que no pudo leerlo, porque podrían pensar que se inspiró en él.
    Las novelas de Rafael tienen belleza, celebra las palabras sin perder el contenido del relato, a mí me gusta mucho cómo escribe.

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  2. El comentario de Blanca me ha dejado bastante Touché!
    Algo hay de eso. Pero... de esta novela dijo un crítico del "Diario Vasco" que le recordaba a Joseph Conrad...!!!
    Un autor de quien tampoco he leído nada, o casi nada.
    La literatura está trufada de estas cosas. Nombrarme junto a GM es un honor, de verdad lo digo.
    Recibir comentarios de gente de pluma como vosotros, igualmente es un honor.

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