Inventario del fuego, Pablo Vila Arteaga

Quizá sea lo peor que he leído en lo que va de siglo... y eso que no tuve fuerzas para pasar del primer capítulo.

Resumen del libro (editorial)

sobrevive entre paseos solitarios por una Valencia que se la vuelto hostil, bares de barrio y ensoñaciones literarias. De pronto y sin esperarlo, su vida cambia cuando hereda la excéntrica librería de su tío en Alcoi, junto con un sótano lleno de secretos y una antigua máquina de escribir IDEAL D adornada con un inquietante sátiro grabado.

Pronto descubre que la máquina no es un simple objeto: cada texto que teclea parece intervenir en la realidad, moldeándola según los deseos –y los miedos– de quien la utiliza. Mientras las calles de Alcoi se llenan de rumores, persecuciones y amenazas, Aurelio se ve rodeado por personajes tan turbios como fascinantes, desde sectas locales hasta delegaciones editoriales dispuestas a todo por el hallazgo. Acorralado y con aliados inesperados, el escritor deberá decidir si sucumbe a esa facultad casi milagrosa o si la destruye antes de que arrase su vida y la de quienes lo rodean.

Desde las estanterías polvorientas de una librería alcoyana hasta tierras catalanas, Inventario del fuego combina suspense, atmósfera urbana y reflexión sobre la propia escritura para contar la historia de un hombre obligado a enfrentarse a sus demonios.

Comentaris

  1. Con singular regocijo he leído la noticia de vuestro colosal síncope literario. No puedo sino compadecer a la cofradía de los lectores por el flaco vigor de vuestras tragaderas, que presumen de hollar misterios e intrigas de gran calado, pero se ahogan miserablemente al vadear el primer charco de la primera página. Afirmáis, con la osadía propia del que juzga el banquete por el olor de la cocina, que es este <> lo peor que se ha parido en el siglo; y os quedáis tan ancho tras confesar, sin mudar el color de la cara, que os quedasteis varado y sin resuello en la playa del primer capítulo, como galeón viejo que zozobra antes de perder de vista el muelle. ¡Oh, magno almirante de las letras estancadas! ¡Oh, cartógrafo ciego que pretende negar la inmensidad del océano habiendo visto apenas el agua de su jofaina! Sentenciar la ruta entera por la primera piedra del sendero, condenar el fuego oliendo apenas la primera brizna de pólvora y presumir de censor desde la mullida hamaca de vuestro aposento no es ejercicio de entendimiento, sino milagro de la desfachatez. Vuestro ingenio es como el de los malos jinetes, que se caen de la montura antes de que el caballo doble la primera esquina. A quienes sí tuvimos el aliento y la fortuna de recorrer la obra entera, nos espanta tanta flojera en hombre que gasta pluma de viajero. Si la primera jornada os dejó sin fuerzas, no culpéis al libro; la verdadera marcha de la aventura suele causar vértigo en las cabezas que solo están hechas para sostener el sombrero. Guardad la obra, usadla para calzar una mesa coja o haced con ella un mapa de vuestras cobardías, que el siglo es largo, caballero, pero vuestro paso es tan corto como vuestra constancia. Dios os conserve el lomo bien asentado, que el espíritu de exploración ya se ve que lo tenéis en perpetuo destierro.

    Saludos.

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