La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Junot Díaz

Hay momentos en la literatura de cada país en los que ésta da un salto de la mano de un autor excepcional.

Así pasó en Colombia tras Gabriel García Márquez, Perú con Vargas Llosa, la España moderna con Camilo José Cela, EEUU con Capote, o Catalunya con los cuentos de Monzó, y tantos y tantos casos.

Ese momento mágico ha llegado a la República Dominicana, pero no de la mano de un dominicano sino de un doyo, que traducido es un Dominican York, o lo que es lo mismo, los dominicanos emigrados a EEUU. Junot Díaz es uno de ellos y su novela La Maravillosa vida breve de Óscar Wao es la que marca el arranque de una nueva literatura latino-caribe-americana.

En muchos momentos de la lectura de esta novela me sentí igual que cuando leí Conversaciones en la Catedral, o Los Santos Inocentes, o La Colmena, o El Día que murió Marilyn, novelas de este calado, novelas, historias, que marcan y definen una sociedad con tal realismo que espanta inician una nueva tendencia.

Debo decir que yo he tenido el privilegio enorme de leer esta novela en una traducción especial supervisada por el autor en Dominicano (Junot escribe en inglés), que dista bastante del castellano de España, además de haberlo hecho en los mismos escenarios que describe el autor, lo que ha incrementado sin duda mi amor por esta novela.

En ella se narra la vida, superpuesta y desordenada, de tres generaciones de dominicanos de una misma familia, desde sus orígenes en el trujillato hasta su vida actual en New Jersey. Una vida llena de desengaños, tristezas, alegrías efímeras y capacidad de superación. Sin ser Mujercitas ni un drama de Dickens, claro, la parte más emotiva, más impresionante y más extraordinaria coincide con las desgracias y los abusos cometidos por el dictador Trujillo con la familia. Durante el transcurso de la novela las piezas, en un inicio desdencajadas, se van acoplando para que el resultado final sea de una pulcritud excelsa y el círculo se cierre con absoluta precisión.

Se inicia la novela con su personaje principal, Óscar, un "nerd" absoluto. Negro en un país multirracial (lo que significa más racista que cualquier otro), feo, gordo, de pelo afro, amante de los cómics y de la ciencia ficción, incapaz de acercarse a una chica y entablar una mínima conversación, es el anticristo del "macho dominicano". Una cualidad que jamás encontrará y que le amargará su existencia hasta el final. Víctima de burlas tanto en su Santo Domingo natal, donde acude de vacaciones, como en su Petterson (New Jersey) de residencia.

Beli, Hypatía Belicia Cabral, la madre adoptiva de ésta, La Inca, y sus dos hijos, Lola y Óscar, son los protagonistas vistos desde los ojos de un tal Yunior (un amigo de Oscar que asume el peso de la narración en muchos tramos), dominicano también y encargado de recordar a Óscar lo que es y lo que nunca será. Con estos pocos componentes Junot Díaz ha creado una obra extraordinaria, ganadora del Premio Pulitzer. De unos personajes tan fuertes que cuesta olvidarlos aún después de terminada la novela. En mi caso la vida de Beli me dejó una huella especial, y mucho más viviendo como vivo en este país.

El lenguaje de Junot es diferente, fresco, irreverente, falto de las más mínimas normas lingüísticas o editoriales, cargado de un sentido del humor fino, inónico, que utiliza indistintamente expresiones en castellano, en español dominicano y en inglés, jerga pseudo-nerd, personajes de series de ciencia ficción, de películas, y de cómics, que se unen para sazonar cada momento de la obra. Así por ejemplo el dictador Trujillo es comparado con Sauron, uno de los malos malísimos del Señor de los Anillos.

Hay dos salvedades que quiero rescatar del lustre que le he dedicado (merecido) a la vida de Óscar Wao. La primera, demasiadas "coincidencias" con la fabulosa novela de Vargas Llosa "La Fiesta del Chivo", no por copia, atención, sino por similitudes buscadas por el autor en un claro homenaje a la novela. Y segundo, las desgracias de un adolescente marginal de nuestros días no son comparables a los abusos sufridos por nadie en una dictadura, y eso hace que la novela sea mucho más interesante cuando no aparece el personaje principal que cuando está..., aunque quizá es lo pretendido por el autor.

Sin duda La maravillosa vida breve de Óscar Wao (La breve y maravillosa vida... en Rep Dominicana) marca un punto de inflexión en la literatura caribeña, y estoy convencido de que también marca un inicio para esa lengua, infecta desde mi punto de vista aunque cada vez con más adeptos, llamada spanglish.

Imprescindible en una buena biblioteca.

Resumen (editorial)

Las tribulaciones de un joven latino en Nueva Jersey. La esperada novela de Junot Díaz.
La vida nunca ha sido fácil para Oscar Wao, un dominicano dulce, obeso y algo desastroso que vive con su madre y su hermana en un gueto de Nueva Jersey.
Oscar sueña con convertirse en un J.R.R. Tolkien dominicano y, por encima de todo, con encontrar el amor de su vida. Pero puede que nunca alcance sus metas debido a una extraña maldición presente en su familia desde hace generaciones; enviando a los Wao a prisión, predisponiéndolos a accidentes trágicos y, ante todo, al desamor.
Después del éxito internacional de Los Boys (Mondadori, 1996), Junot Díaz recrea, con humor, la experiencia de los dominicanos en Estados Unidos y la capacidad de perseverar en medio del desengaño amoroso y la pérdida.


Fragmento de la versión dominicana (foto de la izquierda) transcrito literalmente.

E invisible hubiera permanecido si en el verano del segundo año de la secundaria Beli no hubiera ganado la lotería bioquímica, no hubiera experimentado el Verano de sus Características Sexuales Secundarias, no se hubiera transformado por entero (ha nacido una belleza terrible). Si antes Beli había sido una ibis desgarbada, bonita de manera típica, para cuando terminó el verano estaba hecha un mujerón, con ese cuerpo suyo, esas formas que la harían famosa en Baní. Los genes de sus padres difuntos habían desaparecido en una cabronada estilo Roman Polanski. Como la hermana mayor a la que nunca conoció, Beli se había transformado de la noche a la mañana en un portento menor de edad, y de no haber estado Trujillo en sus erecciones finales, es probable que hubiera enfilado sus "cañones" hacia ella...

Tenía los Pechos de Luba (36DD). ¿Y qué hay del culo supersónico que les sacaba a borbotones las palabras a los tipejos del barrio y arrancaba las ventanas de sus fokin marcos? Ese culo jalaba más que una yunta de bueyes. ¡Dios mío! Incluso este humilde Vigilante, repasando fotos viejas, se quedó estupefacto al ver lo mamasota que fue en su época.