JORDI DÍEZ: EL EXPLORADOR SONRIENTE - Entrevista para El hombre de MImbre, Ediciones 42

JORDI DIEZ: EL EXPLORADOR SONRIENTE

Jordi Díez, genio y figura hasta la sepultura.
Jordi Díez, autor de La virgen del sol y El péndulo de Dios, nos habla de su relación con Latinoamérica y de su primera aventura como escritor. Conoceremos un poco mejor los pilares artísticos y personales que han dado forma a la atractiva personalidad de este tarrasense de padre catalán y madre andaluza. Por último, nos adelantará algo de su próximo trabajo, una novela especialmente ambiciosa en la que regresa a las brumas del continente americano, y ahonda en esa verdad que permanece oculta bajo la historia escrita. ¿Quieren descubrir América? Viajen con Jordi Díez. No se arrepentirán.



HM: Jordi, tengo entendido que tu primera experiencia con las letras no fue totalmente satisfactoria, al menos no todo lo satisfactoria que espera un niño de cuatro años.

JD: ¿Cómo has sabido esto?, ¡me has sacado una gran sonrisa con esta pregunta! 

En efecto, mis padres, siendo yo muy niño, me apuntaron a una guardería en la que “obligaban” a todos los niños a aprender a leer y escribir con la temprana edad de tres o cuatro años. Yo tuve la inmensa fortuna de ser uno de esos niños, por lo que todos los recuerdos de mi vida van vinculados a la lectura. El problema es que ya desde niño nunca acepté demasiado bien la jerarquía y aquel centro educativo era de la vieja escuela, jajaja, por lo que pasé más horas castigado que en las aulas, algo que se ha repetido de manera continua durante toda mi formación.

Sin embargo es algo que agradezco muchísimo, porque mientras los otros niños aprendían a pegar gomets de colores o a pintar sin salirse de las líneas de un círculo, yo leía los cuentos que me compraban mis abuelos con la puntualidad de un reloj.


HM: ¿Recuerdas con cuál de aquellos libros comenzaste a disfrutar como lector?

JD: Las primeras lecturas que recuerdo son de muy niño, libros de cuentos ilustrados que leía a la luz de una lámpara de flexo que mi padre compró de segunda mano. Recuerdo todavía uno en especial, cuarenta años después, “Pere sense por” (Pedro sin miedo), en el que un niño que jamás tenía miedo se adentraba en castillos, casas abandonadas y bosques encantados, y que se enfrentaba en una de las ilustraciones a la sombra de un gran lobo que me atemorizó por años.

Siguieron los TBO de la época, cuentos de Disney, Tintin, y las primeras lecturas ilustradas de Julio Verne, Los Cinco, Phantomete, Peter Pan. Fueron años de grandes descubrimientos.

Por aquel entonces, no tendría yo más de cinco o seis años, abrieron el primer Hipermercado de la zona al que mis padres, como el resto de la clase trabajadora, acudían los sábados para renovar las despensas familiares. Solían dejarme en la sección de libros por un par de horas, mientras ellos recorrían los pasillos del centro comercial armados con un carro de compras y una lista. Recuerdo cómo rogaba porque se retrasaran todo lo posible y me dejaran más tiempo a solas, en mi propio mundo, con aquellos libros. 

También acuden a mi memoria las horas perdidas que pasé en las salas de espera de dentistas, pediatras, oftalmólogos y cualquier otro especialista al que suele acudir un niño, siempre parapetado tras un buen libro.

Mis abuelos contribuyeron de forma muy activa en esta pasión por las letras, ya que sus regalos consistían en tebeos o libros ilustrados que devoraba con fruición. Años después comprendí el motivo por el que adoraban a mi abuelo en la librería del barrio: ¡era el mejor cliente!


HM: La Virgen del Sol es tu primera novela publicada, y ha tenido una gran cogida tanto en España como en buena parte de Latinoamérica. ¿Cómo viviste este importante paso en tu carrera? ¿Podrías enumerar algunos de los demonios personales que, estoy convencido, lograste exorcizar con este primer y merecido éxito?

JD: La Virgen del Sol fue en efecto mi primera novela acabada y publicada, y sin duda la más íntima que jamás escribiré, o eso creo en estos momentos. Su acogida me sorprendió porque Ediciones B realizó tres ediciones consecutivas en las que se vendieron más de cuarenta mil ejemplares. Algo impensable para un autor novel que debutaba con una novela histórica sobre un tema del que apenas se ha escrito casi nada, y sin promoción alguna.

Lo que comenzó con la idea peregrina de un diario de viaje, del primero que hice a Perú, comenzó a tomar la forma de un relato que creció hasta convertirse en novela.

Ese fue un momento crucial en mi vida, ya que en los meses previos a la escritura de la novela viví lo que ha sido, hasta ahora, mi peor momento vital. Sumido en ese laberinto encontré una salida acercándome a prácticas de yoga y meditación. Conocí entonces a un grupo de gente variopinta de la que comprendí que se podía vivir la vida de tantas maneras como personas somos, sin que un único camino fuera el que conducía a la felicidad, como siempre había creído, así que comencé a viajar y a escribir por primera vez en serio sobre temas con más carga de profundidad de los que había tratado hasta entonces. En las páginas de La virgen del Sol están enterrados muchos de los cadáveres que había guardado en mi armario, y que aireé en forma de personajes para que me dejaran dormir de nuevo.

También están plasmados algunos de los descubrimientos que hice en mis meditaciones e interiorizaciones, una práctica que adopté desde entonces y que me ayudó a calmar la hiperactividad de mi mente y a conocerme como adulto.

Pero La virgen del Sol no es sólo fruto del fango de mi vida, es sobre todo una novela tan cuidada y documentada como mi capacidad intelectual me permitió desarrollar. Fruto de cuatro viajes, dos de ellos en solitario, en los que conviví con chamanes indígenas, realicé sus ritos, viajé a sus lugares sagrados, y viví algunas de las mayores experiencias místicas de mi vida, pero también fruto de la documentación obtenida en los museos del Cusco y Lima, y otros más pequeños de provincias, tras escritos, restos, momias, y todo lo que pudiera aportar un mayor conocimiento sobre el terreno del mayor imperio que jamás tuviera América.


HM: Sudamérica tiene reservado un lugar muy especial en tu corazón. Tu mujer y tus tres hijos son latinoamericanos y además trabajas en una importante empresa turística que opera en República Dominicana, sin embargo, leyendo tu relato "Guaneró" (El Hombre De Mimbre N4), uno no puede evitar preguntarse si dentro de Jordi Díez aún queda algo de aquel antiguo explorador español que veía el continente americano desde cierta distancia, casi como un jardín misterioso perteneciente a otro mundo. ¿Qué hay de cierto en esta apreciación?

JD: Os voy a contar una pequeña anécdota sobre Latinoamérica. Mi primer viaje fue a Perú, y cuando llegué al aeropuerto internacional de Lima sentí que volvía a casa. Ese sentimiento lo sigo teniendo hoy en día. Para los catalanes, que muchas veces nos creemos el ombligo del mundo, o para los españoles que creen que por haber nacido en un país con un pasado centenario, de luces y sombras con trazas de imperio, poseen todos los derechos del mundo, Latinoamérica debería ser una visita obligada. La vida en Latinoamérica, o en gran parte de ella, es tan sencilla como que el que tiene mucho vive como un maharajá, el que tiene sobrevive, el que tiene poco malvive, y el que no tiene, se muere a las primeras de cambio. Aquí los derechos sociales como la sanidad, la educación, etc., se pasan por el forro. Por supuesto es una generalización injusta como todas, pero en muchos lugares del continente es así.

Esta vida un tanto anárquica, no exenta de riesgo, pero en la que cada uno se marca un poco el camino a seguir sin que haya un papá estado que indique hasta las horas de cariño a dedicar a las mascotas, me fascina y me hace sentir vivo. Por supuesto deploro la diferencia social y la pobreza que inunda muchos de sus millones de kilómetros cuadrados y es evidente que deberían aprender a mejorar en eso, pero ese sentimiento de vivir el día a día con intensidad porque nadie sabe qué va a pasar mañana, fue una gran lección para mí.

Qué mi mujer y mis hijos fueran latinoamericanos, además de países diferentes, sólo fue una casualidad de la vida de la que me alegro cada día más.

El relato “Guaneró”, aparecido en El hombre de Mimbre N4, es fruto de la nueva novela que estoy escribiendo y en la que algunos de los protagonistas son los mismos personajes del cuento, bueno, en realidad sólo aquellos que sobrevivieron a esa noche…

¡Guaneró!


HM: Eso convierte este cuento en una especie de prólogo o aperitivo de tu nuevo libro. En él pueden verse rasgos de La Virgen del Sol, pero también de tu segunda novela, El péndulo de Dios, mucho más cercana al thriller de misterio. Esto puede darnos una idea aproximada de lo que nos aguardará entre sus páginas. Si tuvieses que describir el argumento de este nuevo libro con una palabra, ¿cuál sería?

JD: Pasión. Sin duda esa es la palabra que me gustaría que definiera la novela que estoy escribiendo en estos momentos.

Pasión por los indígenas que poblaban América y que se encontraron con un pueblo que los arrasó. No es un llamado inflamatorio a hacer justicia, ni una revolución anti imperialista, ni soy de los que van con un lirio en la mano y haciendo el signo de la paz con la otra. En aquel momento histórico pasó lo que había de pasar, que el fuerte dominó al débil como ha pasado desde el inicio de la evolución, y como pasará hasta que sólo quede “el fuerte”. 

Pero sí siento que falta una parte por explicar. El vencedor escribió la historia y se permitió el lujo de hacerlo como quiso, de humillar y ridiculizar al vencido, lo habitual, pero siento que quinientos años más tarde deberíamos ver ese proceso con los ojos de la curiosidad, exentos de patrioterismos baratos, y pensar que aquella gente que fue arrasada por el conquistador también tenían cosas interesantes que explicar. Intento imaginarlas y darles vida.


HM: ¿Y qué palabra resumiría lo que su escritura significa para ti a nivel personal?

JD: Curiosidad.

No puedo dejar de imaginar qué piensa la gente que me rodea, qué hace cuando nadie los ve, qué pasó en el lugar donde vivo antes de que yo viniera, quién caminó por la misma calle que yo, cómo eran los tenderos que vivían en Babilonia, qué sentían los incas al llegar a la cima de una montaña, cómo se defendían de un huracán los indígenas del mar Caribe, quién construyó una silla antigua, porqué pusieron una columna diferente en el interior de una iglesia, cosas así que me brotan espontáneas en la cabeza y que inmediatamente generan pequeñas historias.

Creo que a esto lo llaman paranoia…, pero es lo que inspiró el thriller El péndulo de Dios.


HM: Una última pregunta, para mí, quizá, la más importante de todas. Los que te conocemos no podemos pasar por alto tu magnífico sentido del humor. ¿Qué haces para conservarlo intacto? Mucha gente querría conocer tu secreto, sobre todo en estos tiempos tan complicados.

JD: He de reconocer que tengo un sentido del humor un tanto retorcido. En realidad soy una persona bastante ácida con el entorno y extremadamente crítica con todo. Mis amigos me dicen que soy el eterno inconformista, y ante tanta inconformidad utilizo el humor como desengrasante. Soy de los que piensa, en cuanto hay dos o tres personas que están de acuerdo conmigo, que seguramente estoy equivocado y comienzo a mutar el ideal. Así que utilizo el humor como mecanismo de encaje cuando algo no funciona: que el jefe grita, humor, que perdemos al fútbol contra el eterno rival, humor, que ganamos la copa de Europa, humor, que conseguimos un pequeño triunfo, humor, que las cosas están más jodidas que nunca, humor, y ese saber reírse de todo, por supuesto empezando por uno mismo, crea un traje protector al estilo de Damart Termolactyl que te mantiene a salvo de la injerencia externa.

Me gustaría despedirme agradeciendo esta entrevista, y dando un pie de foto a la infinita osadía, herejía y pecado capital de poner mi cara en la famosa imagen de Audrey Hepburn, en palabras de la propia estrella: "Yo no tomo mi vida en serio, pero tomo lo que puedo hacer en mi vida en serio", ese es el truco.


El cóndor de la pluma dorada, Blanca Miosi


La capacidad narrativa de la autora es extraordinaria. Todavía hoy, varios días después de haber finalizado El cóndor de la pluma dorada, me pregunto cómo pudo hacerlo para escribir semejante historia. ¿Cómo se documentó, cómo la armó, por qué decidió escribir algo tan extenso? Son preguntas que quizá, y aprovechándome de la amistad que me une con Blanca, me atreva a formularle y ella, con algo de fortuna, se avenga a contestarme.

En realidad no es una novela histórica de incas, es decir, a diferencia de El médico, Sinuhé el Egipcio, Los pilares de la Tierra, me atrevo a citar La virgen del Sol, El maestro de Keops, de Albert Salvadó, o la trilogía de Jaume I del mismo autor, que son novelas ambientadas en un momento de la historia, El cóndor de la pluma dorada no es una novela histórica, sino que es la historia de los incas novelada.

La autora repasa más de cien años de historia del Tahuantinsuyu como si fuera un cuento, en el buen sentido de la palabra, arrancando con el gran Inca Pachacutec y acabando con el asesinato de Atahualpa, unos ciento cuarenta años después. En ese periodo Blanca nos acerca con precisión a los diferentes incas, sus traiciones, amores, familias, conquistas, aciertos y derrotas, hasta la extinción del mayor imperio que jamás tuviera América. Durante todo este proceso narrativo la autora nos introduce en un mundo mágico desde los valles sudamericanos a las montañas cuzqueñas, y nos recorre, a lomo de sus letras, por los miles de kilómetros que formaron el Capac Ñam, la red de caminos que construyeron para comunicar sus vastos dominios. 

Este tipo de narraciones tan extensas entrañan una gran dificultad y un gran riesgo, a mi entender, y que no es otro que el de mantener al lector atento a tantas circunstancias y actores como aparecen en la novela. Particularmente a mí me desconcierta un poco, como me pasara por ejemplo con la recién Canción de Fuego y Hielo, que los protagonistas vayan desapareciendo para dar paso a otros nuevos. Quizá a otros lectores esto les guste, pero a mí me dificulta la lectura porque cuando le he cogido cariño a un personaje principal lo menos que me espero es que se muera, y si se muere, no espero que el autor sea tan desconsiderado como para no acabar la obra inmediatamente después. 

Quizá algunos de los que leáis esta opinión estéis al corriente de que mi primera novela, La virgen del Sol, también está ambientada en el imperio inca, algo que me ha hecho coincidir en la recreación de algunos personajes con Blanca, principalmente el Inca Pachacutec y su hijo Túpac Yupanqui, los dos mayores mandatarios que ha tenido América en toda su historia, y a los que cogí un afecto infinito cuando me documenté para mi novela. Verlos ahora dibujados por la mano experta de Blanca fue toda una alegría con la que disfruté al máximo, pero cuando dejaron de existir en la novela de mi amada amiga, he de reconocer que se me hizo un tanto cuesta arriba volver a sentir esa pasión por los nuevos personajes que iban apareciendo. Por fortuna, Blanca, ha sabido manejar esta situación con gran sabiduría y la novela no sufre el bajón que tuve yo.

Sin duda lo que más reseñaría de El cóndor de la pluma dorada es la infinita capacidad de Blanca por imaginar y meternos en la historia del continente americano. La autora peruana ha rendido justo homenaje a los ancestros de su tierra con una novela muy bien documentada, atada a un hilo narrativo continuo y fiable que nos entretiene y enseña, mientras inocula con sibilina artesanía el orgullo por un pasado extraordinario.

Resumen del libro (editorial)

La ciudad perdida de los incas se mantuvo en el misterio por más de quinientos años. De manera inexplicable ni los propios descendientes de los aguerridos incas supieron su existencia hasta entrado el siglo XX. Esta es la historia que develará el secreto mejor guardado de esta estirpe. 
Desde Pachacutec, pasando por el descubrimiento de América por Cristóbal colón, la conquista del Perú por Francisco Pizarro, hasta nuestros días... Una novela que conjuga amor, pasión, intriga, guerras, y mucha historia. La historia del Tahuantinsuyo, tal como debió ser contada.

Estación Orichalcum, Gabri Ródenas


No sé muy bien cómo realizar una reseña de esta novela. Lo más acertado sería decir que me he divertido de verdad con su lectura, algo que no me pasaba desde hace mucho, mucho tiempo. Con un estilo entre Jasper Fforde y Junot Díaz, la obra de Gabri Ródenas realmente me lo ha hecho pasar bien.

La novela, un thriller, congrega a un grupo de personajes estereotipados que se vanaglorian de representar estos estereotipos y los estiran hasta casi la parodia. Por ejemplo el militar rudo, es muy rudo, la chica inteligente y bonita, es muy inteligente y muy bonita, el periodista investigador es un tipo con más contactos que la placa madre del servidor de Google, el ingeniero es un genio digno de Nobel, y así la mayoría de los personajes que pueblan la novela, pero que lejos de ridiculizarla o empequeñecerla, la hacen real y la engrandecen con gran mérito del autor por la enorme dificultad que esto entraña.

Por lo que respecta a la trama, he de reconocer que en algún momento se me atascó un poco porque el autor giraba y giraba sobre el mismo eje sin desplazarse, hasta que por fin arrancó de nuevo y la lectura recobró la agilidad de un inicio excelente.

Sin embargo hay un par de cosas que no me han acabado de encajar del todo, y que quisiera hacer notar, la primera es la continua referencia en esta novela a la anterior del mismo escritor. Gabri Ródenas escribió, antes de Estación Orichalcum, El búnker de Noé (que no he leído), novela en la que nacen algunos de los protagonistas de Estación Orichalcum, pero no todos. Nadie puede leer La chica del dragón tatuado sin haber leído antes Los hombres que no amaban a las mujeres, pero todo el mundo sabe que es una trilogía. En el caso de Estación Orichalcum no es una continuación de la novela anterior. Repite personajes, cierto, debe haber alguna referencia, de acuerdo, pero no una mención gratuita constante a la obra prima. Y la otra cosa que me ha hecho patinar un poco es la excesiva, desde mi punto de vista, reflexión de los protagonistas sobre los hechos que van ocurriendo. Por ejemplo, en un momento de una conversación hablan de casos como Facebook o Twitter, y enseguida viene la reflexión sobre las redes sociales, y sobre la adicción a las mismas, etcétera, etcétera. Si hablan de economía, viene una reflexión/explicación sobre la situación actual, y este recurso, a mi gusto, es demasiado abundante en la novela. 

El propio escritor, que alterna presencia con el protagonista de la novela, el también escritor León Poiccard, y que tengo la sensación de que es un alter-ego del propio Ródenas, es quien hace muchas de estas reflexiones que yo considero un tanto excesivas. Incluso él mismo afirma en un párrafo, con el que coincido al cien por cien, lo siguiente: “Detesto a los escritores que no tienen en cuenta a los lectores, que les miran por encima del hombro o que consideran que no son más que meros borregos cuya finalidad se limita a enriquecer económicamente al autor.”, para después explicar, como si el lector no fuera capaz por sí mismo, muchos pasajes y reflexiones de la novela.

No sería justo reconocer que algunas de estas reflexiones “alter-egadas” del señor Ródenas conforman las mejores partes de la novela, de las cuales señalo dos por resultarme muy cercanas a mi propio pensamiento:

"Mi escepticismo siempre ha supuesto un secreto inconveniente para mí. En ocasiones creo que mi actitud excesivamente distanciada me impide disfrutar plenamente de la vida. Es decir, pienso que la disfruto intensamente, pero cabe la posibilidad de que no sea así del todo. Siempre queda en mí un cierto recelo, una duda, un hastío."
"Jules Verne, Melville, Platón, la Biblia, Gilgamesh. El corazón de hombres y mujeres siempre ha anhelado la transcendencia. La historia de la humanidad no es otra cosa sino la lucha feroz contra la materia. Y en ese campo de batalla surgen dioses y mitos."

Me queda una sensación muy agradable tras leer esta novela, por un lado he descubierto a un autor que se esfuerza por ser diferente. Que trata de que sus palabras suenen a normalidad, algo tan difícil que todos los que hemos intentado escribir cuatro palabras encadenadas con una cierta lógica sabemos que es casi imposible. Requiere más trabajo un diálogo “normal”, que el mejor diálogo literario que pueda imaginar un autor. Este gran trabajo, esta cantidad de horas tras la novela, no se notan, dando la sensación de que Gabri se hubiera sentado una noche frente al ordenador y al día siguiente su novela estuviera acabada. Es extraordinario haber podido conseguir esto, porque es lo que hace que el lector disfrute con sus letras. Muy pocos escritores tienen esta capacidad, además es una novela con banda sonora original, algo que no se estila demasiado. Quizá Murakami fuerza la memoria de sus lectores con numerosas referencias musicales entre sus letras, pero las de Ródenas son de otro estilo, algo, digamos, con más batería y guitarra.

De verdad que la he disfrutado, un helado de menta tras varios platos pesados de cocina tradicional (algunos de ellos incluso mal cocidos) que me ha sentado extraordinariamente bien. 

¡Larga vida a León Poiccard!

Resumen del libro (editorial) 

León Poiccard disfruta de unas vacaciones junto a Maribel Salgado en Jamaica. Convertido en escritor, busca inspiración para una nueva novela a través de las redes sociales.
La desaparición de un Boeing 777 Freighter en aguas del Triángulo de las Bermudas hará que las diversas tramas se organicen en forma de una compleja muñeca matrioska que guiará al lector hasta el centro neurálgico del misterio, en una frenética búsqueda de la Atlántida que, como bien sabrán los seguidores de este escritor “canalla” e irreverente, quedará lejos de los estereotipos de la literatura fantástica y la ficción comercial y les confrontará con una realidad aterradora y bien documentada.

El propio Ródenas nos previene: “Como autor, debo mencionarle que, aunque la historia es enteramente ficticia, los datos manejados no. De modo que no puedo garantizarle que, directa o indirectamente, parte de la trama no esté basada, muy a mi pesar, en hechos reales.
Lamento anunciarle incluso antes de comenzar a leer que el final le desconcertará un poco, dado que será interpelado de manera directa. Usted tendrá que tomar una decisión importante, que será la que determine el verdadero desenlace de la historia. Espero que no se lo tome a mal y que aprecie esta oportunidad de poder tomar decisiones vitales y de gran importancia tanto para su futuro como para el de las generaciones venideras. Estoy convencido de que sabrá obrar con sabiduría, pero le advierto: su mundo ya no será el mismo desde entonces”.

La oscura historia de la prima Montse, Juan Marsé


Recuerdo mi primer acercamiento a la obra de Marsé, “Últimas tardes con Teresa”, una novela que supuso una explosión en mis hábitos de lector, como lo hiciera “La ciudad de los prodigios”, o la inmensa “Cien años de soledad” en su momento. Desde entonces consideré a Marsé como uno de los mejores escritores en lengua española, junto a Mendoza, algo que tuve la infinita fortuna de decirles a ambos en persona en un lejano Sant Jordi.

Hoy, muchos años después de la lectura de la que dicen que es una de sus mejore novelas, he acabado “La oscura historia de la prima Montse”. Me ha encantado, la verdad (y más después de una serie de lecturas un tanto decepcionantes…), pero no siento que esté a la altura de la anterior. Juan Marsé repite la fórmula que le dio la gloria, el enfrentamiento de dos mundos tan diferentes como la burguesía catalana, de media o alta cuna, y los emigrantes venidos del sur de España en los años sesenta. Un choque casi racial, cultural, económico y lingüístico que nadie ha sabido explotar como él. Creador, según la leyenda urbana está entre él y Vázquez Montalbán, de la expresión "charnego", sitúa en esta novela a un expresidiario murciano en la órbita de una familia de cuna catalana que hace todo lo posible por sacárselo de encima.

La descripción de Marsé sobre la sociedad catalana de la segunda mitad del siglo pasado es excelente, con una prosa cuidada al detalle, es capaz de mostrarnos al mundo a través de la sala de espejos de una atracción de feria, estirando y retorciendo los defectos de una sociedad endogámica que se adora a sí misma, pero que no comete más pecado que el de amarse y dificultar al máximo la entrada de aquellos que son diferentes por cualquier motivo, bien de origen, de cultura o, en el mayor de los casos, de bolsillo. Eso es lo que mejor hace Marsé, y en esta novela lo ha bordado de nuevo.

Por cierto, extraordinarios los capítulos en que envían al menda a un retiro católico para ver si se cura de su ateísmo. 

Como en “El amante bilingüe”, en la que un catalán de cepa llamaba por teléfono a su ex haciéndose pasar por emigrante andaluz y le decía todas las guarradas que se le pasaban por la cabeza con el mejor acento de la comunidad sureña, algo parecido ocurre con “La oscura historia de la prima Montse”, donde el emigrante que ha pasado por la Modelo ejerce una atracción fatal sobre las féminas de la burguesía catalana, y protagonistas de la novela. Sin embargo, y he aquí el pero de la novela, a diferencia de “Últimas tardes con Teresa”, en la que un motivo de peso da pie al desenlace trágico de la historia, en esta ocasión Juan Marsé da vueltas y vueltas sobre una gran desgracia que al final ni es tan desgracia, ni es algo que el lector no intuyera a las primeras de cambio.

Es como si nos adelantara un cava extraordinario para el postre, un vino de altísima cuna cuyo bouquet no olvidaremos jamás, un cava que durante toda la comida se nos ha advertido de su grandeza para que después, tras un excelente almuerzo, eso sí, el cava no tuviera gas.

Algo así he sentido con esta novela del grandísimo Marsé, que le ha faltado gas… 

La historia principal, la que ha de ser oscura desde el mismo título, en realidad no lo es, o no lo es tanto, y el resto de historias que adornan la trama no tienen el peso suficiente para sorprender o cautivar. Sí hay que sacarse el sombrero, el peluquín, y todo lo que cubra la “closca”, así como echar rodilla al suelo en reverencia sincera y honrada al oficio del autor, como es capaz de que la novela esté narrada en algunas ocasiones por uno de los protagonistas (el otro “charnego” de la novela, pero que sí ha sabido integrarse), a veces por un narrador omnisciente, e incluso en muchas otras ocasiones por un alter ego del propio autor que entra y sale de la trama principal a gusto del propio Marsé. Un estilo de narración sólo al alcance de los grandes genios y de los carpinteros finos de la palabra, uno de esos que no dejan aristas ni se les ven los trucos de andamiaje, como él mismo hizo ver cuando se retiró del jurado del premio Planeta en un alarde de honradez profesional, o en un ataque más del enfant terrible de las letras catalanas escritas en español, quién sabe…

Resumen del libro (editorial) 

Publicada por primera vez en 1970, La oscura historia de la prima Montse constituye el punto culminante de la madurez narrativa de Juan Marsé. La novela arranca con la visita de un hombre, diez años después, al lugar donde se fraguó la tragedia. Condenado al derribo, nada queda del antiguo esplendor del chalet de sus tíos, la adinerada y católica familia de los Claramunt. Todo empezó cuando su prima, Montse Claramunt, joven idealista consagrada en la orden seglar de las Visitadoras a la caridad y el proselitismo entre el pueblo llano, conoció a un presidiario -estudiante ateo, atractivo y ambicioso, procedente de las capas más bajas de la sociedad- y quiso convertirlo en su protegido, entender sus problemas y entregarse a él. De esas buenas y peligrosas intenciones surgirá una historia oscura, cuando se interpongan los estatutos de la clase social y el culto a la respetabilidad.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Phillip K. Dick

De manera incomprensible, apenas he finalizado la última frase de la novela, han acudido a mi mente las letras de Neruda, “Podría escribir los versos más tristes esta noche”, y quizá este solo verso habría de definir la novela del señor Phillip K. Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Sé que todo el mundo conoce esta historia (si bien he de aceptar una vez más mi ignorancia previa a su lectura) porque es la que inspiró la famosa Blade Runner de Ridley Scott y Harrison Ford, allá por 1982. Algo que hubiera preferido no saber ya que ha sido prácticamente imposible desvincular el rostro del joven Ford del personaje principal, Rick Deckard.

La novela transcurre en un futuro lejano en el que la tierra ha sufrido una gran guerra y se encuentra sumida en un sentimiento de frustración, soledad y extinción absoluto. Un planeta devastado en el que la mayoría de especies animales se han extinguido y en el que encontrar una araña, por ejemplo, reporta al afortunado cien dólares según la lista Sidney de animales. Los habitantes de la tierra padecen una nube de polvo contaminado que cubre todo el planeta y que ha dejado a una parte de la población en estado de deficiencia mental, mientras que otra gran parte ha emigrado al planeta Marte en un intento por reconstruir una especie de vida similar a la de los colonos europeos en los Estados Unidos. Este planteamiento, Marte, colonos, éxodo y guerra me han recordado a Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury, pero a diferencia de la obra del señor Bradbury, que transcurre íntegramente en el planeta rojo, la novela del señor Phillip K. Dick, lo utiliza sólo como referencia siendo el escenario en el que transcurre su historia la tierra, y más concretamente California. 

Para ayudar en la dura colonización de Marte algunas empresas se han dedicado a la construcción de androides trabajadores, modelos semi-humanos que en cada nuevo prototipo alcanzan mayores cotas de sofisticación, hasta llegar a un nivel de perfección que hace casi imposible la diferenciación con  humanos. Esta la tarea de Rickard, encontrar y desactivar androides que se han escapado del planeta rojo asesinando a sus propietarios para iniciar una vida de libertad en la tierra. Hasta aquí la novela, si bien por ser de las primeras goza de la originalidad de la idea, no sería más que una buena historia de ciencia ficción, pero no se trata de eso.

La ciencia ficción (autos voladores, armas láser, animales electrónicos, etc.), la tierra en extinción, la decadencia de la vida en el planeta y la creación de androides para ayudar con el duro trabajo en Marte son los elementos que el autor combina de manera magistral para plantear su gran duda, ¿qué nos convierte en humanos, qué diferencia la vida de la simulación casi perfecta de ésta? Y desde esta pregunta latente nos presenta todo su escenario. Un lugar sombrío en el que se acaba de crear un nuevo modelo de androides, el Nexus-6, y que son casi humanos, que casi sienten, que poseen una inteligencia superior, que tienen sentimientos de pertenencia y ansias de libertad, pero que carecen de lo que el autor da como clave de la humanidad, la empatía. Los androides de Phillip K. Dirck no son capaces de sentir ningún tipo de empatía por la vida, mientras que los cazadores humanos que han de darles caza sí desarrollan la capacidad de tener sentimientos por estas máquinas a medida que las van conociendo y desactivando.

Es una historia negra, triste, aplastante, de atmosfera pesada y dudas existenciales de una sociedad hundida bajo una capa de polvo radioactivo. Una novela en que la vida es tan escasa que la gente ha de recurrir a máquinas especiales que les permitan sentir el contacto humano con otros supervivientes.  Máquinas inductoras de estados de ánimo que permiten a los habitantes de la tierra sobrevivir en un lugar desolado.

Hace unas horas que la he acabado y no me puedo quitar de la cabeza la última escena de la novela, cuando el protagonista regresa a casa agotado y abatido tras haber realizado su última misión, pero cargado de esperanza en forma del último ejemplar de sapo del mundo (que encuentra casi por casualidad) y descubre, para su desesperación, que el batracio es en realidad otro androide animal. Se acuesta exhausto y frustrado, mientras su esposa llama al servicio técnico para que vengan a repasar la maquinaria del animal. Una escena, como muchas otras en esta la novela, extraordinaria, redactada con una carga emocional y una desesperación que podía sentir en mi alma como si me hubiera conectado a una máquina Penfield y hubiera discado el programa de “depresión culposa”. 

Quizá debería discar, si tuviera un órgano de ánimos junto a mí, el código 481: “Conciencia de las múltiples posibilidades que el futuro me ofrece” antes de seguir…

Me queda la curiosidad de acercarme a la película Blade Runner, que me produjo una gran decepción cuando la vi hace muchos años, siendo entonces un adolescente, y que me aburrió de una forma impresionante, todo lo contrario de la novela. 

Claro que ahora, siguiendo con el mismo poema de Neruda, “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

Resumen del libro (editorial)

El futuro. La falta de recursos naturales en la Tierra ha obligado al hombre a colonizar otros planetas, y para trabajar bajo sus duras condiciones, ha creado réplicas de humanos conocidas como andrillos. Rick Deckard es un cazador de bonifi caciones que caza réplicas de hombres que han huido de las colonias para vivir como verdaderos humanos. Una tarea que se complicará cuando tenga que dar caza a una nueva generación de andrillos, los Nexus 6, lo que le hará comenzar a dudar de su propia humanidad.  

Crónicas Marcianas, Ray Bradbury



Sé que es un tanto vergonzoso no haber leído esta obra muchos años antes, es una mancha que deberé sufrir en silencio, pero como dice el manido refrán, más vale tarde que nunca y así ha sido esta vez.

Mi acercamiento al autor fue a raíz de una conversación con un gran amigo que me recriminó mi desconocimiento sobre los clásicos de la ciencia ficción, un tema que no me ha apetecido nunca demasiado, la vedad, y al que lamento no haberme acercado con mayor interés. Decía que a partir de una velada tras una cena bien regada, mi amigo me dio varios imputs necesarios para corregir mi ignorancia, algunos de ellos fueron Fahrenheit 451 y Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury. Con el primero me entusiasmé, y con el segundo he caído a los pies de este autor.

Seguramente a estas alturas todo el mundo sabe qué son las Crónicas Marcianas, pero por si queda algún ignorante como yo comentar sencillamente que esta obra está formada de pequeños cuentos, la mayoría relacionados entre ellos, que relatan la colonización de Marte por parte de ciudadanos de los Estados Unidos. En estos breves relatos el autor aprovecha para hacer una crítica punzante y profunda de la idiosincrasia de la sociedad americana, como ya hiciera en Fahrenheit 451, sin importar demasiado la ciencia ficción. Es decir, que nadie espere encontrar en las letras de Bradbury condensadores de fluzo, reactores de protones, pistolas de quarks o naves con pulsadores de emergencia con la inscripción “Hyper espacio”. Nada de eso lo encontrará en Crónicas Marcianas, pero sí encontrará párrafos como éste, y que me pareció extraordinario:

“La madre era esbelta y suave, con una trenza de pelo de oro rizado en lo alto de la cabeza, como una tiara, y ojos morados, con reflejos de ámbar, del color de las aguas profundas del canal cuando la corriente se deslizaba a la sombra. Se le podían ver los pensamientos nadando como peces en los ojos; unos brillantes, otros sombríos, unos rápidos y fugaces, otros lentos y pacíficos; y a veces, como cuando miraba la Tierra, los ojos eran sólo color y nada más. Estaba sentada a proa, con una mano en el borde de la lancha y la otra sobre los oscuros pantalones azules; una línea de piel tostada por el sol le asomaba bajo la blusa, abierta como una flor blanca.”

Es uno de tantos, porque son muchos los pasajes que me parecieron extraordinarios de la novela, y que me situaron a años luz con mi prosa. También me gustaría en este breve artículo resaltar uno de los cuentos que más me sorprendió, uno en el que los marcianos reciben a los primeros colonizadores, los primeros terráqueos que llegan al planeta rojo a bordo de cohetes. En uno de estos cohetes llega una tripulación formada por un capitán americano y sus hombres, convencidos todos ellos de haber realizado una extraordinaria hazaña, de ser los émulos de Cristóbal Colón,  y se presentan ante los marcianos esperando toda la pompa que el acontecimiento requiere. Pero los marcianos, bastante más pragmáticos que los terráqueos, se limitan a saludarlos y darles la razón, mientras van dirigiendo a todo el equipo expedicionario hasta un manicomio marciano. ¿Cómo se le pudo ocurrir un cuento así? ¿Cómo consiguió meter en una obra de ciencia ficción una cuña tan hiriente a los que creen en extraterrestres? Porque de eso se trata, los pobres marcianos tratan a los terráqueos como los terráqueos tratamos a los que se creen, afirman haber estado, vivido o sido abducidos por marcianos, como locos. ¡Y que me perdonen si es que acaso Bradbury no tiene razón!

Crónicas Marcianas me ha fascinado, es una novela que hace pensar, y no lo digo para repetir por enésima vez el tópico, hace pensar de verdad, meditar sobre las estupideces de nuestra sociedad, de nuestro afán por tener, por dominar, por conocer, por meternos donde nadie nos llamado haciendo alarde de la bandera del conocimiento o de la sed de aventura, las diferentes reacciones ante estas situaciones, la violencia, la admiración, el miedo o la curiosidad por las nuevas experiencias, de todo esto y más versa la novela. Un excelente compendio, cual catálogo de una ferretería industrial, de las personalidades y actitudes de nuestra sociedad, o por lo menos de la sociedad del autor, nacido en Waukegan, Illinois, un ya lejano 22 de agosto de 1920, y que publicó el compendio de relatos que forman esta novela en 1950.

Un consejo, leedla, y nadie os podrá intimidar en la próxima velada...

Resumen del libro (editorial)

Un clásico del siglo XX: la obra que consolidó a Bradbury como uno de los mejores escritores de la narrativa norteamericana. Esta colección de relatos recoge la crónica de la colonización de Marte por parte de una humanidad que huye de un mundo al borde de la destrucción. Los colonos llevan consigo sus deseos más íntimos y el sueño de reproducir en el Planeta Rojo una civilización de perritos calientes, cómodos sofás y limonada en el porche al atardecer. Pero su equipaje incluye también los miedos ancestrales, que se traducen en odio a lo diferente, y las enfermedades que diezmarán a los marcianos. Conforme a su concepción de lo que debe ser la ciencia ficción, Bradbury se traslada al futuro para iluminar el presente y explorar la naturaleza humana. Escritas en la década de los cuarenta, estas deslumbrantes e intensas historias constituyen un canto contra el racismo, la guerra y la censura, destilando nostalgia e idealismo.


Pero Qué Locura de Libros: EL PENDULO DE DIOS de Jordi Díez


El libro
Durante siglos los descendientes de una comunidad esenia han intentado mantener oculto el último regalo de Jesús... Hasta ahora. Cècil, un auditor de proyectos humanitarios en el Tercer Mundo, se ve envuelto en un asunto de tráfico de antigüedades que lo llevará tras los pasos de Azul Benjelali, un antiguo amor, experta en lenguas antiguas, que está a punto de descubrir un secreto que ha permanecido guardado durante miles de años.
Con la ayuda de Mars, una misteriosa colombiana, Cècil comienza una carrera contra el reloj que lo llevará de una clave a otra tras los pasos de los esenios, los romanos, los templarios, los almogàvers, las tropas borbónicas y los nazis. Un rompecabezas que los protagonistas deberán resolver antes de que el secreto caiga en las manos de quienes lo han perseguido durante siglos.

Páginas: 464 /
Formato: 12 x 19 cm / 
ISBN: 978-84-9872-714-2
PVP: 9.99 €

El autor 
Jordi Díez nació en Terrassa y en la actualidad combina su trabajo como directivo de una empresa turística con la escritura, su gran pasión. Fotógrafo aficionado y viajero, tiene predilección por América Latina, a la que ha viajado en varias ocasiones hasta establecerse en la zona caribeña de la República Dominicana. Antes de la publicación por B de La Virgen del Sol no había tenido contacto con el mundo editorial, más allá de una necesidad compulsiva y vital por la lectura.

Su última novela,  El péndulo de Dios, se convirtió en un best seller cuando su autor la autopublicó en formato digital. Es un thriller cargado de emoción que hará que el lector reviva periodos de nuestra historia, mientras se ve atrapado en una trama tan trepidante como adictiva.

Un libro de  Ediciones B

Sorteamos 5 ejemplares de este libros normas y condiciones en el siguiente enlace:
Y dejanos tu comentario... gracias!! 

Un vot per l'esperança, Albert Salvadó


Per ser honestos he de dir que aquesta novel•la la vaig acabar tot just un parell de dies dins del any passat, però davant la proximitat del dia primer he decidit que fora la primera ressenya d'aquest nou 2013. Crec que el seu títol, Un vot per l’esperança, mereix aquest lloc. Tots mereixem començar el nou any de 2013 amb un clar vot per l’esperança, i si per això ens val la novel•la del senyor Albert Salvadó, a qui aprofito per desitjar-li lo millor en aquest nou exercici, dons millor.

Un vot per l’esperança no sé si és ben bé una novel•la, una crònica, un thriller, un compendi dels pensaments i anhels del autor, o bé un crit esperançat perquè canviïn les coses, encara que sigui en negre sobre blanc. Fa poc vaig llegir, del mateix autor, Obre els ulls i desperta, una història en que el protagonista feia un canvi profund per anar creixent interiorment fins a arribar a aconseguir la saviesa, i no precisament la intel•lectual; dons en aquesta obra, l’Albert hi dedica un gran esforç en retratar el buit espiritual que viu el nostre mon, el teatre infinit que fem en repetir ritus, dogmes, formes d’acostar-nos a un Déu superior, imitar lo que porten fent tots els nostres antecessors sense plantejar-nos ni el per què, quan en realitat lo que hem de fer és endinsar-nos al nostre interior i acostar-nos a la Divinitat des de la més extrema senzillesa, humilitat i sinceritat de pensaments i actes. Bé, davant aquesta veritat rotunda ens planteja una situació fantasiosa (i ho dic amb tot el respecte perquè senzillament arribarà abans l’home a la galàxia d’Orion que fer realitat lo que planteja l’Albert...), i és que, en morir el Papa, tots els cardenals de l’Església Catòlica decideixen nomenar un de nou amb la finalitat de canviar tot aquest disbarat espiritual en que vivim. Així fan Papa a un home que havia estat guerriller en la seva joventut, que agafa el nom de Pere II, que passa olímpicament de tot el protocol i les, amb perdó, mariconades pròpies dels Papes, i s’acosta a la gent armat amb unes sandàlies i una túnica blanca.

A poc a poc comença a fer discursos senzills en els que l’únic missatge és que l’home ha arribat al moment precís per fer el canvi i desferma una corrent de seguidors i detractors que poden fer canviar l’ordre mundial. Denúncia els abusos, vinguin de on vinguin,  desfà l’aparell vaticà, es fica amb les finances internacionals..., i  de manera tranquil•la  la senzillesa del seu missatge va calant en la gent fins al punt que els governs i els poders fàctics acaben per entendre que en la seva persona tenen un enemic prou fort com per poder fer canviar el mon, i amb aquest canvi la seva posició de privilegi. Critica els dogmes i els ritus, parla clar del paper hipòcrita de l’Església i obre les portes de la institució perquè l’aire se’n porti l’olor de merda acumulat durant la seva història.

Una novel•la molt alliçonadora, molt ben escrita i molt inspiradora. Potser com una petita pega li posaria que aquest nou Papa, eix fonamental de la història, es fa molt amic d’un periodista que treballa en els assumptes vaticans des de fa molts anys, que no és creient, i per tant escèptic, i amb qui manté una relació massa propera per ser dos personatges tan llunyans. És a dir, hi ha moments de la novel•la en que el Papa no se’n refia de ningú més enllà del periodista i el fa còmplice i confident clau en el procés de canvi profund al que vol portar a la humanitat. Això se’m va fer una mica coll amunt, però la resta és, tota ella, un veritable vot a l’esperança.

Sense cap mena de dubtes us recomano aquesta novel•la, que també està en espanyol, perquè qualsevol eina que serveixi per despertar una mica i obrir els ulls a la nostra realitat, no hem de deixar-la passar, i a més passareu una molt bona estona amb la seva lectura.

Fent servir el títol de l’obra, que comenci aquest nou any amb Un vot per l’esperança per a tots.

Resum del llibre (editorial)

Acaba de morir el Pontífex, el Conclave s’ha reunit per escollir el successor i, de sobte, a la plaça de Sant Pere s’alcen veus que criden “Fumata bianca, fumata bianca!”. Entre la multitud, Mario Darino, periodista que creu que domina els complexos viaranys del Vaticà, es queda bocabadat quan coneix el nom que ha triat el nou papa: Pere II. En vint segles, cap altre papa mai no s’havia atrevit a adoptar-lo. 
A partir d’aquest instant Mario Darino viu una experiència increïble. La seva vida fa un gir de cent vuitanta graus i es troba immers en una perillosa trama d’interessos polítics i econòmics als quals cal afegir les intrigues que floreixen dins els murs del Vaticà, on sovint l’afany de poder s’amaga sota una capa de religiositat. La història és plena d’exemples, i tot es precipitarà quan comenci a prendre cos la profecia de sant Malaquies, que vaticina que l’últim papa tindrà per divisa Petrus Romanus, durà el nom de Pere II i en el decurs del seu pontificat tindrà lloc el Judici Final. 
Albert Salvadó s’aventura en aquesta novel•la en un futur gairebé immediat i ens mostra el possible desenllaç d’una història que encara no s’ha escrit, una història que tal vegada no s’hauria d’escriure mai, perquè sempre queda una porta oberta. Per això, Mario Darino atorga al nou papa un vot per l’esperança. Qui sap si es farà realitat.

Las leyes de la Frontera, Javier Cercas


Se me hace cuesta arriba comentar esta novela sin recrear mi adolescencia. Para los que hemos vivido en Catalunya, o en el resto de España, desde hace ya varias décadas, la figura que el señor Cercas nos presenta como Zarco tiene cara de Vaquilla, aquel delincuente juvenil protagonista de la saga de películas infumables, y que todos vimos en su momento, Perros Callejeros. Ese héroe que cabalgaba Seats124 con su inseparable Torete y hacían las delicias del público adolescente mientras atracaban sucursales de bancos como si fueran un divertimento como cualquier otro.

Ese impresentable que Javier Cercas ha retratado como si lo conociera toda la vida, aquel maldito hijo de la gran puta que asesinó, en una de sus últimas fugas, a un empleado de la Caixa de Terrassa en unas navidades de los años ochenta y tantos.

Ésa es la novela que el señor Cercas nos propone, un acercamiento magistral desde la biografía de un Vaquilla, el Zarco, a Girona, y por ende al resto del país. Una radiografía desde finales de los setenta hasta entrados al siglo XXI, de las transformaciones urbanísticas y sociales, y de todos lo cambios que hemos vivido los que ya contamos con edad suficiente para haber gozado de todas esas décadas.

Al estilo de las otras dos novelas que he tenido la fortuna de leer de este autor, Soldados de Salamina y La velocidad de la luz, en ésta también escribe como si se tratara más de un relato periodístico autobiográfico que de una obra de ficción, lo que confiere a la novela una veracidad alejada de todo artificio, algo del todo necesario para conseguir el efecto que busca el autor, un retrato fiel de aquellos años y de aquellas gentes.

Dividida en dos partes, una que narra los orígenes del mito, y otra en que se explica la caída del mismo, la novela tiene un protagonista paralelo a la vida del Zarco con el que no he podido dejar de identificarme, sin llegar a sus logros, que es el del Gafitas, un adolescente de clase trabajadora que se involucra con los quinquis, entonces se llamaban así, por el simple hecho de acercarse a una chica. Algo que reconozco me espantó en las primeras páginas porque parecía leer una biografía muy conocida.

Ignoro qué efecto pueda tener esta novela en los lectores que desconozcan la historia reciente de Catalunya y España, si serán capaces de identificar y degustar todos los sabores agrios con que nos deleita el señor Cercas, confío en que sí, pero para los que partimos de la década de los sesenta o setentas, esta novela debería ser de obligada lectura. Una forma transparente de recordar de qué polvos proceden nuestros actuales lodos. Ese progresismo mal entendido que tanto daño nos ha hecho, la recalificación urbanística con sus logros y sus vergüenzas, la entrada de los gobiernos autonómicos, de las leyes de reinserción, del derecho y, en resumen, del origen de nuestras canas para aquellos afortunados que las tengan.

Sin duda una novela magistral, no podía ser menos viniendo de quien viene, que no nos dejará demasiado buen gusto de boca, pero que no podemos ignorar.

Resumen del libro (editorial)

En el verano de 1978, cuando España no ha salido aún del franquismo y no termina de entrar en la democracia y las fronteras sociales y morales parecen más porosas que nunca, un adolescente llamado Ignacio Cañas conoce por casualidad al Zarco y a Tere, dos delincuentes de su edad, y ese encuentro cambiará para siempre su vida. Treinta años más tarde, un escritor recibe el encargo de escribir un libro sobre el Zarco, convertido para entonces en un mito de la delincuencia juvenil de la Transición, pero lo que el escritor acaba encontrando no es la verdad concreta del Zarco, sino una verdad imprevista y universal, que nos atañe a todos. Así, a través de un relato que no concede un instante de tregua, escondiendo su extraordinaria complejidad bajo una superficie transparente, la novela se convierte en una apasionada pesquisa sobre los límites de nuestra libertad, sobre las motivaciones inescrutables de nuestros actos y sobre la naturaleza inasible de la verdad. También confirma a Javier Cercas como una de las figuras indispensables de la narrativa europea contemporánea.

El jefe iba descalzo, Marcio Veloz Maggiolo


¿Se puede hacer una novela dulce de un grupo de desarrapados que viven de la basura en el gran vertedero de Santo Domingo?

La respuesta es sí, como se puede hacer un merengue delicioso con: “a nadie le importa qué piensa usté', será porque aquí no hablamo' inglé'”, lo que ocurre es que estas cosas sólo están al alcance de unos pocos escogidos. Uno de ellos es el señor Marcio Veloz Maggiolo.

Este autor hace tiempo que viene “tentándome”, tanto con sus obras como con todas las referencias que he recibido de su trayectoria y de su persona. Las pocas personas que conozco que están interesadas en la cultura en República Dominicana hablan maravillas de este autor, que incluso tiene calles con su nombre sin haber cometido el imperdonable error de haber muerto. El señor Veloz Maggiolo, a pesar de su apellido italianizado, es de origen dominicano, Premio Nacional de Literatura en el país, y por lo que he podido comprobar, un excelente narrador, además de una gran persona según todas las referencias recibidas.

El jefe iba descalzo es una novela corta, de apenas ochenta páginas contando con algunas ilustradas, pero que retrata la miseria infinita de las clases más bajas de la sociedad caribeña con una redonda perfección. La música que parece invadir todo lo caribeño, como el curry la comida indo-asiática, se mezcla en esta novela en forma de conocimiento profundo de las gentes que retrata. Miseria, sinvergonzonería, pillería, envidia, amores, e ingenio infinito para salir adelante de donde parece imposible avanzar un milímetro, se mezclan en el relato imaginativo del autor.

Partiendo de unas botas derrengadas, utilizadas por el dictador Trujillo allá por los años veinte, la novela va retratando los sentimientos y anhelos de pocos personajes, de tipos igual de miserables que las propias botas, con pasados casi gloriosos, y a los que el tiempo y la miseria han atropellado como un alud de basura que cayera desde lo alto de una loma.

Sin duda una lectura muy recomendable, tanto por la novela y la historia en sí, como por el acercamiento al autor, de quien reconozco que ha despertado mi curiosidad y de quien buscaré con afán, como si fuera basura de primera, todas sus obras entre las pocas librerías de este magnífico (en todo lo demás) país.

Resumen del libro (editorial)

Cuenta la historia del hallazgo en un basurero de las botas preferidas del Generalísimo Trujillo Molina. Estas botas son encontradas por un obrero muy pobre del Cabildo de la ciudad de Santo Domingo. Mediante su historia, conocemos datos muy curiosos e interesantes de la vida cotidiana y la personalidad del Dictador.

Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, Pablo Tusset

Sin duda la culpa es mía, pero he de reconocer que no me ha gustado demasiado esta novela.  Sé que cuando tenemos demasiadas expectativas en algo es difícil no sentirse decepcionado, y creo que es lo que me ha ocurrido con la ópera prima del señor Pablo Tusset.

Había escuchado tanto de esta novela, recomendaciones, una obra entre las cien imprescindibles de varias revistas de lectores, una película a sus espaldas, y ciento de miles de copias vendidas, que me esperaba otra cosa. Y lo que he leído no está ni a la altura de mis expectativas, ni lo que yo considero una buena novela. Hay que decir a mi favor que vengo de leer a Ray Bradbury, lo que impone, sin quererlo, un listón muy alto.

El señor Tusset recrea una novela basada en un personaje principal, Pablo Miralles, una especie de Baloo adicto al alcohol y a todo tipo de drogas, con una inteligencia superior, pero con una actitud ante la vida poco ortodoxa. De familia rica, el protagonista, que está de vuelta de todo, se ve envuelto en una trama familiar en la que su hermano, el heredero de la fortuna y el buen apellido Miralles, lo involucra deliberadamente y cuya situación se complica ante la desaparición de éste. Una historia toda ella que transcurre en la Barcelona de los años noventa. 

Este es un detalle que marca lo que menos me ha agradado de la novela, la continua referencia a iconos o imágenes de ese momento. Por ejemplo hace referencia en varias ocasiones a programas de televisión de esa época, lo que limita mucho la capacidad comprensora. Es decir, si un señor de Urugay lee que el protagonista se parecía al presentador X del programa X de Telecinco, no tiene ni idea de que le están hablando, y esta situación se repite en demasiadas escenas para mi gusto, con programas de televisión, famosillos de tres al cuarto de los que nadie se acuerda, marcas o productos que no son conocidos a nivel mundial, etc.

El autor intenta recrear la historia con un lenguaje divertido, desenfadado, utilizando formas fonéticas de frases en inglés, o de modismos típicos de algunas clases sociales o procedencias españolas, y cuajando la obra de palabrotas, pero creo que sólo consigue algo de frescura en breves ocasiones, dejando al resto de la novela invadido por un mal gusto excesivo. Y no lo digo porque yo sea precisamente un puritano de las letras, novelas como la saga de El laberinto de las aceitunas, de Eduardo Mendoza, o La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz, ya recrean este tipo de escritura, sin embargo, y a mi entender, lo hacen con la maestría que separa el genio de lo chabacano.

Después de toda la trama, una especie de juego de rol, o de fortaleza metafísica creada en la era medieval, no sé muy bien el qué, que debería dar sentido a muchas páginas de búsqueda del protagonista tras la pista de su hermano, se diluyen en una situación absurda. Pero no absurda por surrealista, sino por carecer de la fuerza necesaria para dar continuidad a la historia. Es como si en una novela de aventuras el protagonista subiera una montaña augurando una gran cumbre, con vistas impresionantes de la selva o un gran tesoro en su cúspide, y al llegar ni fuera cumbre, ni hubiera ningún tesoro más allá de un lecho fangoso rodeado de niebla… 

También creo que abusa de la repetición de los tics, o de las adiciones del protagonista. No hay una sola página en que no se fume un porro, por ejemplo. Ya ha quedado claro que Pablo Miralles consume marihuana y hachís, así como ingentes cantidades de alcohol, pero no creo necesario que cada vez que se envuelve un pito tenga que narrarlo: “se levantó y se hizo un porro, fue al baño y se hizo otro porro, se tomó un café y se hizo otro porro, se vistió y se fumó otro porro”, no me parece que aporte demasiado. Supongo que en el año de publicación de la novela igual la actualidad de la misma generó más entusiasmo del que señaló yo en esta reseña…, pero a mí no me ha generado excesivas simpatías.

Con un lenguaje no demasiado rico, soez en demasiadas ocasiones, una historia lineal poco creíble y un tanto absurda, envuelta en un entorno del que hoy apenas debe quedar nada, lo único que salvo con nota son las conversaciones metafísicas, que entre porro y porro, mantiene el protagonista con su colega de plataforma petrolífera, del que apenas sabemos su nombre y que fueron amigos en los años de juventud.

Resumen del libro (editorial)

¿Qué ocurre cuando Pablo Baloo Miralles, treintañero inadaptado y vacilón, holgazán, misógino, prostibulario, además de pariente pobre y conocido filósofo en la Red, se topa de hocicos con el misterio en un barrio pijo de Barcelona? A bordo de un deportivo con aire de pantera Bagheera, y con un humor inteligente, excéntrico y mordaz, Miralles nos conduce por una intrigante trama salpicada de alegrías etílicas, escarceos venéreos y páginas Web de dudoso contenido: el esclarecimiento de la repentina desaparición de su hermano, The First, presidente de Miralles & Miralles, la próspera empresa familiar. ¿Una fuga con la amante?, ¿la venganza de algún competidor estafado?, ¿un secuestro? Siempre de la mano de este tan impresentable como simpático Baloo de entre siglos, conoceremos a muchos personajes pintorescos: Gloria, la cuñada alcohólica con veleidades literarias; el patriarca Miralles, «difícil síntesis entre Winston Churchill y Jesús Gil»; el iracundo John, profesor de ontología en Dublín y coautor de una Teoría de la Realidad Inventada a medio postular; o la inefable Fina, heroína naïf de busto meritorio, cuyas aspiraciones románticas sobreviven a cualquier desaire. Pero lo que empezó como una misteriosa desaparición irá adquiriendo calidades oníricas y terminará llevando a nuestro Pablo Baloo hasta la Fortaleza: una invisible ciudadela incardinada en la entraña misma de esta nueva Barcelona de los prodigios. Este Pablo Miralles es un felicísimo hallazgo, y Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, debut literario de Pablo Tusset, la novela más sorprendente, divertida y brillante de las últimas temporadas.

Fahrenheit 451, Ray Bradbury


“Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía”

Este es uno de los párrafos de Fahrenheit 451, publicada en 1953, hace casi sesenta años, con que nos obsequia el señor Bradbury.

Para los millones de lectores que ya conozcan al autor, hayan leído esta novela o cualquiera de sus éxitos, les parecerá ridículo este artículo, y seguramente tienen razón. Opinar desde la ignorancia sobre algo en lo que ya se han pronunciado mentes insignes no carece de riesgo, pero para mí, que no conocía al autor, esta novela me ha sorprendido, me ha cautivado, me ha absorbido y me ha hecho pensar. Fahrenheit 451 se trata, además de la temperatura a la que quema el papel, de una novela corta, o un cuento largo, no lo sé con seguridad porque uno de las tantas carencias que ofrece la lectura en formato digital es la falta de información en cuanto a la longitud de los textos, así que me definiré por novela corta escrita en 1953, y ambientada en un presente imaginario en el cual el entretenimiento es la base de la sociedad. 

Un mundo tan vacuo y banal en el que las paredes de las casas son grandes televisores que dirigen sus mensajes de forma que parezca que son personalizados para cada televidente, así los personajes de televisión se convierten en una especie de familia con la que conversar de vaguedades y cuyo único fin es hacer ruido para llenar espacios. Una sociedad aletargada e idiotizada por ley, viva a base de pastillas de todas las formas y colores, incluidas las anestesiantes y somníferos, que deforman tanto la realidad exterior como la interior para hacerla soportable. Una vida en la que los sentimientos, ni siquiera la vida, el odio, el amor o la muerte, tienen el peso suficiente para calar en los habitantes de ese mundo.

El señor Bradbury coge nuestras vidas, nuestros valores, nuestros anhelos, nuestra cultura, a nosotros, y nos pasa por uno de esos espejos de feria. Afila los bordes, acentúa los defectos, estira las diferencias, enfatiza la estulticia, engorda la soledad y nos presenta una situación tan absurda como terroríficamente posible. Una sociedad en la que los pensantes, los filósofos, los escritores, los inquietos, los lectores de cualquier texto con más letras de las que contiene la etiqueta de un frasco de champú, son perseguidos y encarcelados, cuando no directamente quemados por un cuerpo de bomberos cuya única función es, no la de apagar fuegos, sino la de encenderlos. 

Un cuerpo de bomberos al que pertenece el protagonista de la novela, Guy Montag, y cuya imagen, armado con un lanzallamas quemando las casas que contienen cualquier atisbo de cultura, es demoledora. Un bombero cuyo trabajo es quemar libros, y a las personas que los poseen si se aferran a ellos, y que de repente empieza a preguntarse porqué entre hombres que durante toda su vida sólo se han preguntado cómo. Un hombre que se ve en la encrucijada de seguir su vida banal e insulsa, pero tranquila, o de iniciar una pérdida de todo para conseguir comprender. Dejarse llevar por la eterna curiosidad que sólo lleva a la frustración del no conocimiento, del saber que a más se conoce más conciencia se tiene de lo que se ignora, del dolor de saberse nada. Un camino que conduce a un yo prohibido y que el señor Montag desea recorrer para nuestro deleite-

Con un estilo muy diferente al de Capote o  Fitzgerald, Bradbury también recrea una crítica a nuestra sociedad, pero más dura, negra y sórdida. Unas letras cargadas, no pesadas o aburridas, cultas, densas, afiladas como la semilla del árbol de mangle que se clava en la conciencia como la planta en el mar, y que nos obliga, aunque sea por momentos, a plantearnos si somos tan evolucionados como creemos o simplemente una especie que debe ser salvada de la curiosidad a base de ruido y chorros de queroseno inflamable. 

Sin duda es una de las mejores novelas que he leído. Va un último “tast” de las letras de Bradbury:

“El mundo corría en círculos, girando sobre su eje, y el tiempo se ocupaba en quemar los años y a la gente, sin ninguna ayuda por su parte”

Quizá el consuelo de leer esta novela en los pañales del siglo XXI en lugar de haberlo hecho a finales del pasado es que, gracias a los libros electrónicos, el cuerpo de bomberos libro-pirómanos que da nombre a la novela nunca conseguiría éxito en su cometido en esta nueva realidad, aunque como dice un amigo mío (y a quien debo el acercamiento a Bradbury), no nos podemos fiar porque ellos siempre encuentran la forma.

Resumen del libro (editorial)

Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde. 
Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros. 
Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo. 
La visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes y exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias trasnmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas. 
"Fahrenheit 451 es el más convincente de todos los infiernos conformistas". 

Día de gracias


Hola a todos y todas,

Hoy es un día en el que toca dar las gracias, uno de esos días en que comprendes la fortuna de estar bien rodeado, de tener gente a tu alrededor en quien puedas confiar, gente que por un módico interés está a tu lado para hacerte crecer.

Lo del módico interés me refiero al económico, y lo digo porque yo tengo la gran fortuna de que la mayoría de la gente que me rodea cobra un interés mucho más valioso y caro, que es la amistad y el reconocimiento mutuos. Perdón, me desvío...

Quería decir que hoy es un día en el que me siento con la necesidad de dar las gracias a mucha gente, a los más cercanos en primer lugar, la familia, mis hijos, mi querida compañera, mis amigos (los de aquí y los más de allá), los que están al otro lado de un teclado y que también son muchos por fortuna, a los colegas de profesión o de vocación, y a los que se van a jugar sus dineros conmigo.

A todos vosotros quiero daros las gracias porqué después de casi cinco años de búsqueda, mi novela El péndulo de Dios saldrá a la calle de la mano de Ediciones B. 

Han sido años extraños, que comenzaron con la fuerza de mi ilusión por la novela y que se fueron apaciguando con la posterior dosis de realidad al ver que no tenía salida, por más que me esforzara o me encabezonara en ello, la aceptación del rechazo, no a mí (que eso ya se aprende en la vida a las primeras de cambio y se perfecciona en la adolescencia) sino por la obra de uno, que es mucho más duro. La resignación de saber que tanto esfuerzo se perdería sin fruto alguno más allá de la frustración. Tres años largos de peregrinar sin rumbo tras una salida que encontré en San Amazon Bendito, una balsa de esperanza en la que me subí con más recelo que esperanza, y que resultó ser un transatlántico lleno de ilusiones, de amigos que he hecho en el crucero, y que me devolvieron las ganas por seguir. 

Ha sido en este último año en Amazon que me he vuelto a sentir con la ilusión de ser escritor, de llegar a vivir de esto, de seguir renunciando a la vida externa para adentrarme en mis mundos esquizofrénicos y convertirlos en aventuras ordenadas que puedan interesar a los demás. Un año en el que casi diez mil lectores se han descargado la novela y la han mantenido entre las más leídas de una plataforma en que se agolpan más de tres millones de libros. Cifras mareantes e increíbles apenas unos meses atrás. Un año en que me he acercado a conocer a un grupo de gente tan rara como yo y que dedican horas de su vida a escribir, un grupo de hombres y mujeres de todas las edades, nacionalidades, ideologías y tendencias, con más o menos fortuna y talente, y a quienes nos une únicamente la ilusión, la maravilla de la tecnología y nuestras posiciones en las listas de Amazon.

Por eso he de dar las gracias a tanta gente, a ellos y a estos diez mil lectores a quien ojalá pudiera dar las gracias personalmente uno por uno y decirles lo mucho que me han ayudado sus descargas, lo mucho que ha significado que se fijaran en mi novela para cargar sus libros electrónicos, lo mucho que me han afectado su sus comentarios, y lo mucho que siempre les deberé. 

Hoy, después de todo este tiempo sé que El péndulo de Dios se ha hecho mayor y ha llegado el momento de dejarlo marchar, de que abandone el cómodo disco duro de mi ordenador y viva solo más allá de mi control. Sólo espero haberlo educado bien y que su camino sea el de una buena persona.

MUCHAS GRACIAS !!! 


Choque de reyes, George R. R. Martin

Desde luego lo que primero se me ocurre tras leer la segunda entrega de Canción de Hielo y Fuego es evocar la imagen de El Escribidor (con mayúsculas) de la novela del ínclito Mario Vargas Llosa, La tía Julia y el escribidor

Imagino al señor R.R. Martin disfrazado ahora de Robb Stark, ahora de Tyrion Lannister, ahora de Dragón, y evocando en sus letras lo que parece un folletín mayúsculo sin fin. No comprendo cómo este señor puede vivir todos esos personajes en su mente sin que explote cual bomba racimo, y además tener tal capacidad de trabajo. La comparación es odiosa, pero a mí me cuesta escribir un párrafo y a este hombre le salen las letras por los poros...

En esta segunda entrega la guerra entre los reinos se intensifica y toda la novela es una gran batalla, salpicada con toques geniales y personajes ajenos a la gran intriga, pero con la línea maestra de una guerra mundial detallada en todos sus puntos.

El mundo creado en la primera parte, Juego de Tronos, se asienta hasta formar parte de un atlas tan real como imaginario sobre el que los reyes, familias leales y desleales, soldados de fortuna, caballeros, e incluso seres mitológicos, juegan una gran partida por el trono único. Una partida de dimensiones descomunales que no parece que vaya a tener fin en breve. De hecho he comenzado la tercera parte y todo se alarga en la misma forma en que está narrada la segunda parte.

Si he de ser sincero, reconozco que esta tercera parte que acabo de comenzar me está cansando un poco, creo que dos mil quinientas páginas de mundo inventado han colapsado mi capacidad de imaginación y que debo descansar un poco de los lobos huargo, enanos maquiavélicos (aunque en realidad este personaje es el más real y humano de toda la nómina), doncellas, caballeros de armaduras doradas y religiones mitológicas. 

Sin embargo también he de reconocer que la obra es extraordinaria y merece los millones de seguidores que, como yo, se han enredado entre sus páginas. 

Resumen del libro (editorial)

Canción de Hielo y Fuego: Libro Segundo, la continuación del best-seller Juego de tronos. La novela río más espectacular jamás escrita. Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas. George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina. Éxito rotundo de ventas, destinado a la distribución masiva tanto en tiendas especializadas como generales.