Un excelente libro

Un excelente libro

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"No habia leído nada de este autor, sabia de su bien hacer, pero nunca imaginé que un libro suyo me afectara tan hondo. Es impresionante como el autor va desgranando la supervivencia del pueblo taíno frente a sus invasores españoles ávidos de poder y de encontrar riquezas. Para mi no ha sido un libro más de esta trama.

Los personajes van atrapándote en el, que yo los sentía como míos. Sus ciudades, sus amores, sus muertes....me hicieron derramar alguna lágrima. Describe, con mucho cuidado, la ambientación de aquella época. En resumen, para mi es un libro que primero, deberían leer todos los amantes de la historia y también todos los que buscan una buena aventura. Desde aquí le felicito a su autor y le animo para que nos cuente otras historias.

Gracias Jordi por todos los sentimientos que me ha producido tu libro.".


Fray Ramón Pané, el notario del Edén

“Una especie de gran canoa entraba por la boca de la bahía ayudada por la corriente. Un casco acabado en cuña, sobre el que unas grandes telas se inflaban al viento, rompía las trazas del mar en su recorrido. Los veinte hombres se estremecieron al ver aquella bestia gigantesca que violaba la bahía ante sus propios ojos”


Jordi Díez recupera de la memoria histórica la figura olvidada del ermitaño Fray Ramón Pané, el primer notario de la llegada de los españoles a la actual República Dominicana.


Por Jordi Díez

“Yo, Fr. Román, pobre Heremita del Orden de San Gerónimo, escribo lo que he podido entender y saber de la creencia e idolatría de los indios y cómo observaban sus Dioses, de orden del ilustre señor el Almirante, virey y gobernador de las islas, y tierra firme de las Indias, de lo cual trataré en la presente escritura”, con estas palabras transcritas de la traducción más honrosa que se tiene de los escritos originales, comienza el primer tratado etnológico sobre los habitantes de la isla de la Hispaniola, allá por el año de 1495, de la mano de Fray Ramón Paner...

La Isabela, primera ciudad fundada por los españoles en la actual República Dominicana

Todo un homenaje al pueblo Taíno

Todo un homenaje al pueblo Taíno

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"El libro de Jordi Díez es un relato para saborear, para disfrutar, para dejar que nuestros sentidos se inunden con cada descripción, para recuperar nuestro lado salvaje e inocente; pero también para asistir y ser testigos de cómo el Paraíso puede desmoronarse por la ambición de los hombres.

El autor nos describe el primer contacto entre el Viejo y el Nuevo Mundo, y lo hace a través de la mirada de un gran personaje histórico como lo es el padre Ramón Pané. Por los escritos del monje catalán conoceremos sus vivencias, y asistiremos al cruel destino de un pueblo que en un principio recibió de forma pacífica y amigable a Cristóbal Colón, pero que en poco tiempo acabó diezmado a manos de los colonizadores, y descubriremos una apasionante historia de resistencia y lucha, la del cacique Caonabó y su bella y valiente esposa Anacaona, la que sería la última princesa del Caribe.

Es una novela extraordinaria, que todo amante de la buena literatura debería leer.".


Avenida de los misterios, John Irving


John Irving es uno de mis escritores favoritos, de él son tres de las mejores novelas que he leído jamás, El mundo según Garp, Príncipes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra y Una mujer difícil. He leído también Última noche en Twisted River, magnífica, y alguna más, y tenía muchas esperanzas en su última novela, hasta el título me parece maravilloso, Avenida de los Misterios, pero por desgracia creo con esta novela el señor Irving nos ha gastado a todos una broma gigantesca, una broma de dimensiones cósmicas, porque de no ser así no le veo ni pies ni cabeza a este último proyecto.

La trama es excelente, Juan Diego y su hermana Lupe son dos niños que viven de recoger basura en el vertedero mexicano de Oaxaca, vástagos de una madre que combina la limpieza del convento jesuita con la prostitución y sin padre conocido, ambos tienen unas habilidades únicas. Él, Juan Diego, ha sido capaz de aprender a leer sin ayuda a través de los libros abandonados en el vertedero, y Lupe, su hermana menor, tiene la habilidad de leer el pensamiento de las personas, pero se expresa en un lenguaje único que sólo su hermano es capaz de comprender. En esa niñez asquerosa, los dos niños son felices, pues al fin y al cabo casi todos los niños son felices si reciben afecto, y ellos son acreedores del mismo a través del capataz del vertedero, Rivera, el jefe, la única figura paterna que reconocen. Rodeados de prostitutas, basura y miseria, los niños son medio acogidos por un hermano jesuita y su nuevo discípulo, un norteamericano recién llegado a Oaxaca, que ven las características especiales de los hermanos e intentan darles una mejor vida.

La historia, además de en este plano de la infancia de los niños, corre en la edad adulta de Juan Diego, cuando ya se ha convertido en un escritor de éxito (como no podía ser de otra forma) y emprende un viaje a Manila para cumplir la promesa que hizo de niño de visitar la tumba del padre de un americano muerto en el vertedero. Esa promesa, que no pudo cumplir el americano incinerado en Oaxaca víctima de las drogas, sexo y rock&roll, es lo que arrastra a un ya enfermo Juan Diego, residente en Iowa, a emprender semejante viaje donde, apenas en los primeros compases del mismo, conoce a dos lectoras admiradores, madre e hija además, que se mezclan en sus planes y lo arrastran en las más inverosímiles situaciones en el camino a Manila.

A pesar de ser un hombre rico, Juan Diego nunca olvida sus orígenes, nunca deja de pensar en su hermana Lupe, fallecida en la niñez y clave de la historia, ni en ninguna de las personas que conoció en su infancia, pero tiene un problema, y es que esos recuerdos sólo acuden a él en sus sueños, momento en el que vuelve a ser el pequeño niño lector del basurero y a acariciar la felicidad perdida de la niñez. Por desgracia, la medicación que requiere su enfermedad (Lopressor, un betabloqueante) bloquea estos sueños y los hace cada vez más complicados de alcanzar, ante lo que el escritor sólo tiene dos opciones, medicarse para estar bien y no soñar, o dejar de medicarse y volver por las noches a gozar de la compañía de la única familia que conoció. Y es en esa dicotomía entre la historia que le ocurre en el tiempo presente, en el Juan Diego adulto camino de Manila y su aventura con las dos mujeres que se lo rifan para tener sexo, y la historia de su niñez que se desgrana cada vez que el escritor se duerme, que transcurre la novela.

En verdad la historia es magnífica, la prosa exquisita, como no podía ser de otra forma, la idea maravillosa, y  los personajes, especialmente los que acompañan a los niños, increíbles, extraordinarios, una suma de elementos que convertirían a cualquier novela en una obra de arte. Sin embargo, y aún a pesar de tener una historia, prosa y personajes controladas con precisión de genio, creo que el señor Irving nos ha gastado una broma porque, en mi opinión, la trama es un engaño temible, y muy especialmente la parte de la edad adulta del escritor.

En la edad infantil se combinan las maravillosas historias de Lupe, del yanqui guapo, de Flor, una travestí prostituta, de Edward, el que lleva sus propios equipos de flagelación y a quien Juan Diego conoció el día que se quedó cojo de por vida, del doctor Vargas, de los integrantes del circo La Maravilla,…, unos personajes de una fuerza tan impresionante que te dejan sin habla, al tiempo que se pierden con pesadas disertaciones sobre la virgen de Guadalupe y la virgen María que aburren al lector. Y esa es una de las partes que más me sobró, no comprendí por qué el autor se entretiene tanto en poner una pelea dialéctica contra la iglesia católica en boca de sus personajes, una discusión ridícula que además atraviesa la barrera del tiempo y sigue con el Juan Diego adulto y sus discusiones con un alumno de sus cursos de escritura. Un punto que no me gustó, como tampoco comprendí el exceso de presencia de las dos mujeres, la madre y la hija, que arrastran al hombre de un lugar a otro y se lo follan tantas veces como quieren, acabando siempre el pobre sin recordar si se había tomado sus betabloqueantes o las píldoras de Viagra. No desvelaré el origen de estas dos señoras para no reventar la trama, pero incluso ese secreto que el autor guarda como un tesoro hasta el final de la novela me dio la sensación de que formaba parte de su gran broma. Claro que incluso Mozart, gastando una broma a sus contemporáneos, escribió La flauta mágica, así que mucho cuidado con esta novela del que para mí hace tiempo que merece un Nobel, porque igual en unos años la vemos convertida, quizá de la mano del cine, en una obra maestra de culto obligado, por más que le pese a la Virgen María o la trigueña Guadalupe.

Resumen del libro (editorial)

Juan Diego, un maduro y exitoso escritor de origen mexicano que reside en Iowa, acepta una invitación a viajar a Filipinas para hablar de sus novelas. En el curso del viaje, lleno de peripecias y mujeres insinuantes, sus sueños y recuerdos, no se sabe si por efecto (o falta) de la medicación que debe tomar, le retrotraen a su infancia: Juan Diego fue uno de los llamados «niños de la basura», crecido en un inmenso vertedero de Oaxaca. Si él leía con pasión los libros que rescataba entre la inmundicia, a su vez su hermanastra Lupe, una niña muy peculiar, era capaz de leer —peligrosamente— la mente de quienes la rodeaban y entrever su futuro. Hijos de una prostituta, ambos sobrevivieron gracias a la protección de uno de los capos del vertedero, hasta que, cuando Juan Diego tenía ya catorce años, sufrió un accidente que cambió su destino para siempre.

Extraordinaria historia

Extraordinaria historia por Francisco Casero Viana

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Exquisita es la palabra exacta que tengo para esta novela de Jordi Díez, en la que uno se queda estupefacto por las barbaridades cometidas por los conquistadores españoles sobre los indios de la Hispaniola, pero hay que leerla despacio para captar cada detalle, cada intención y cada motivo de una de las mejores y más completas historias que he leído hasta la fecha. Creo que ya no quedan palabras de alabanza hacia esta novela porque ya se han dicho por otras personas y yo me ratifico en ellas. Se trata de una historia de costumbres ancestrales indígenas, de amor, de amistad, pero también es una novela de guerras crueles, de ambiciones sin límite, de demostración de poder sin olvidar la capacidad de sacrificio de otras gentes, nativos y españoles, pero en su contexto y olvidando algunos pasajes, es una novela hermosísima. Gracias, Jordi. Seguro que te ha costado mucho más escribirla que a nosotros leerla.".


No dejen de leerla

No dejen de leerla, por Manuel Navarro

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"He terminado de leer 'Anacaona' con pena de acabarla, y, antes de intentar escribir un comentario sobre ella, pido disculpas si no consigo estar a la altura de la obra. Quizás sea la mejor novela que he leído desde hace tiempo. Mis felicitaciones más efusivas al autor.

Se trata de una novela de ficción histórica que recrea, desde dos puntos de vista (el de los indígenas, mediante un narrador omnisciente de lenguaje actual, y el de los conquistadores, a través de los escritos de Fray Ramón Paner de prosa similar a la lengua de la época), una parte de la historia del descubrimiento de América por Cristobal Colón.

Comienza la narración describiendo el origen de la princesa Anacaona, con un lenguaje claro, fluido, correcto, rico, y la vida apacible de los indígenas, haciendo hincapié en sus costumbres, sus juegos, su organización territorial… en un lugar paradisíaco como la isla La Española. Continúa la narración con la llegada de los castellanos bajo el mando de Cristóbal Colón y los cambios que ello supuso en la vida de los indios, las luchas entre estos, dirigidos por Caonabó, y los invasores, con secuencias trepidantes, para terminar con el sometimiento del pueblo taíno.

Con magníficas descripciones, una prosa exquisita, exuberante como la vegetación que describe, un extenso vocabulario de términos taínos, del que pueden encontrar un glosario al final del libro, un buen trabajo de documentación y una historia interesante y creíble que transmite sentimientos y hace recapacitar sobre cómo debieron ocurrir los hechos en los años del descubrimiento de América, Jordi Diez nos transporta al paraíso y al infierno, y nos mantiene pegados a las páginas de una obra bien estructurada y magníficamente escrita.

Destacable la fuerza de los personajes, en especial los protagonistas principales, la princesa Anacoana y el indio Caonabó, y también de los secundarios, tanto aborígenes como castellanos, de esta maravillosa historia que deja poso.

No dejen de leerla. Les gustará."


Albert Salvadó: Anacaona es literatura, y de la buena.


El señor Albert Salvadó es uno de los mejores escritores que conozco. Fue el revitalizador de la novela histórica en castellano y catalán, ha ganado varios premios literarios en su vasta carrera, tiene en su haber una de las mejores trilogías históricas de la literatura moderna, la historia de Jaume I el Conqueridor, por eso, que una figura de su relevancia hable así de Anacaona, la útlima princesa del Caribe, me llena de una emoción tan intensa que no puedo más que compartirla con todos vosotros. Muchas gracias, Albert, de tot cor, moltes gràcies.

Albert Salvadó
La buena literatura divierte, informa, transmite sentimientos y, además, ayuda a formar el espíritu. Por esa razón, cuando una buena obra literaria cae en nuestras manos, vale la pena mecerse en sus hojas, como si fuese la copa de un gran árbol que se balancea al son de la música que compone una ligera brisa.
Anacaona es literatura, y de la buena. Ésta es una obra obra que hay que leer despacio y perderse entre el análisis de los infinitos detalles que posee.
El ritmo es ágil, como corresponde a una historia plagada de hechos y más hechos y sazonada con sentimientos y reflexiones. La historia te atrapa desde un primer momento, intuyes que hay mucho más de lo que se muestra, pero no hay que caer en la tentación de echar a correr y devorar las palabras que contiene.
Hace tiempo, en una entrevista y a preguntas de un periodista, dije que el gran drama de un historiador es tener que morderse la lengua porque debe ceñirse a los documentos y a los hechos, mientras que el autor de narración histórica posee la inmensa libertad de llenar los corazones de sus personajes con sentimientos e inundar sus mentes con pensamientos. Y he aquí que estamos en presencia de un claro ejemplo de ello.
Hay un gran acierto en la utilización de dos narradores, de dos voces distintas. Una en tercera persona y otra en primera persona, que dan al conjunto un realismo innegable. Máxime, cuando se dejan caer expresiones que recuerdan el lenguaje de otros días, lejanos días, pero no en demasía para no perder al lector. Y esa doble voz nos permite pasar de un bando al otro, del mundo del invasor al universo indígena de una forma suave y sin perder el hilo ni por un instante..
Jordi Díez Rojas indudablemente consigue el objetivo de entretenernos con sus descripciones llenas de colores que van desde los más vivos y propios de un paisaje sin igual, comparable con el Edén, hasta los más oscuros, perversos y agazapados que corresponden al alma humana en sus más bajos instintos.
Jordi de una forma senzilla y llana consigue informarnos de unos hechos acaecidos en los primeros tiempos de la conquista del continente americano, de cómo era la vida en aquellas tierras y de lo que aconteció con sus habitantes que habitaban un lugar maravilloso.
Jordi transmite sentimientos, por supuesto que lo hace, y lo hace con trazo magistral, dibujando escenas que te llegan al alma y sin obviar la dureza de situaciones que te dejan con un sabor amargo en los labios. La realidad es la realidad y de todo hay en la viña del Señor.
Y Jordi ayuda a formar nuestro espíritu al unir a los sentimientos reflexiones que te llevan más allá de las simples palabras. Una notable reflexión sobre el papel del invasor, del ser que deja de ser humano porque olvida que los demás también son humanos y arremete contra todos y contra todo creyendo que el mundo es suyo.
Evidentmente, un análisis de una obra que va dirigida al público no debe desvelar el misterio y yo no lo haré. Quien desee conocer la historia, que la lea despacio y que la disfrute, porque Anacaona fue escrito desde el corazón. De eso no tengo la menor duda.
Una obra completa, bien estructurada y mejor escrita que consigue todos los atributos que la convierten en literatura. He seguido la trayectoria de Jordi con quien, dicho sea de paso, me une una sincera amistad. He intentado dejar a un lado ese detalle y centrarme en la obra, porque creo, también con mucha sinceridad, que merece todos los honores.

Taínos, un pueblo para no olvidar.

Taínos, un pueblo para no olvidar, por Cristina Suárez

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Anacaona, Caonabó... Dos nombres propios que representan la historia de un pueblo, los Taínos, los hombres buenos, que habitaban Ahíti, un paraíso lleno de lugares inimaginables, ríos, cascadas, aguas de un mar transparente o el Edén a lo ojos de Fray Ramón Paner. Ellos son el alma de esta historia, de esta realidad que sucedió hace ya unos cuantos siglos, cuando a Cristóbal Colón se le ocurrió la idea de encontrar un camino alternativo para llegar a las Indias y halló la magia de un pueblo que habitaba unas tierras enormemente bellas, unas tierras que los castellanos decidieron hacer suyas, unas tierras cuyos habitantes tuvieron que sufrir la masacre de su pueblo a manos de los que se hacían llamar cristianos.

Conocía parte de esta historia y, cuando pienso en ello, me estremezco al sentir el dolor de unos seres humanos que tuvieron que claudicar ante la superioridad de los conquistadores cuyos actos llevaron a la desolación de los que hasta entonces habitaban esa isla maravillosa que ahora es la República Dominicana. Los relatos de Fray Paner, que son la base de la novela de Jordi Díez, muestran la dureza que aconteció en esos años, la crueldad de los castellanos, su desprecio hacia la vida de los hombres, mujeres, ancianos y niños que asesinaron. Unas personas buenas, que no conocían la mentira ni el odio, que vivían en paz en su Paraíso, respetando sus costumbres, su pasado, sus ancestros y que veían en Caonabó y, más tarde en Anacaona, a aquellos que podrían librarles de tanto horror.

Es una novela para no olvidar, llena de sentimientos y de amor si conseguimos abstraernos de lo que aconteció y pensamos en Anacaona y en su amado Caonabó bañándose en su laguna o recostados en su hamaca, sintiendo la brisa del atardecer. Muy bella su historia y muy triste la que tuvieron que vivir. Siempre que hay alguien que quiere lo que no le pertenece, el dolor está asegurado. Es algo que ha pasado y es algo que sigue pasando en distintas partes del mundo.

Tengo que dar las gracias al autor por escribir esta novela y por permitirnos conocer la vida de la última princesa de Ahíti. Enhorabuena por sus letras y por transmitir tan bien las sensaciones que se esconden entre las páginas de su libro."


Libreteria: Caonabó vs Colón: el choque de dos culturas

Jordi Díez: ‘Anacaona’


Anacaona es una novela rica en emociones, sabores profundos, olores intensos, colores vivos…, llena de vida y vitalidad, la de la desconocida y prácticamente desaparecida cultura taína que ocupó el Mar Caribe.

Pero también de matices grises y negros...

Taj, Andrés Pascual


Taj es una historia de amor un tanto fantástica ambientada en la construcción del famoso Taj Mahal. Y digo fantástica porque el protagonista, Balu, se enamora de la bella Aisha en su niñez, la pierde al llegar a la adolescencia y la recupera bien entrado en la edad madura, siendo el periplo desde esa separación al reencuentro la base de la trama de la novela. No sé, me parece demasiado tiempo esperando a alguien, de ahí la alusión a la fantasía, pero lo cierto es que el señor Pascual utiliza muy bien la situación para armar en ella su historia.

Como decía, el protagonista es Balu, un joven campesino hindú que tiene la habilidad natural del dibujo, algo que en las duras condiciones del campo no vale para mucho, pero que sin embargo le vale la protección y el sobre cariño de su padre, que lo protege del trabajo bruto enfrentándolo al resto de su familia. En ese poblado también vive un cacique que somete a todos los aldeanos a su voluntad y que es padre adoptivo de una bella niña musulmana a la que acogió con la idea de entregarla como regalo al gran Mogol para ganar su favor. Esa niña es Aisha, la otra protagonista y amada de Balu, quien decide abandonar su aldea tras la estela de la niña antes de que caiga en el harén del emperador del Indostán.

En el periplo de la huída, Balu es conocedor de la construcción del templo dedicado a la esposa difunta del emperador, Mumtaz Mahal, y que justamente se encuentra a poca distancia del harén en el que se haya recluida Aisha, lo que le hace presentarse como trabajador en las colosales obras con el objetivo último de colarse en el harén a la primera oportunidad. Allí, y guiado en parte por su buena suerte, por su bondad y por su habilidad con los animales de granja y el dibujo, Balu va asciendo en la escala de obreros hasta que llega a trabajar a las órdenes del gran calígrafo copiando frases del Corán, lo que le da acceso al príncipe heredero y lo acerca un poco más a su amada Aisha. 

La construcción del templo se alarga por años en los que Balu es testigo de las luchas internas entre hermanos para hacerse con el poder, sufre en sus carnes la envidia, despierta el amor aunque jamás lo experimente con ninguna mujer, incluso habiéndose casado con una bella amiga, y se hace con un elenco de amigos que el autor utiliza para explicar las diferentes fases de la creación del templo y de la vida a su alrededor. Y aquí es, en mi opinión, donde más carencias sentí. Valga recordar que la obra es la ganadora del Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio 2016, galardón que creo que recibió con honores, pero que me hubiera gustado que tuviera más de histórica además de novela. Es decir, la historia que enlaza el señor Pascual alrededor del amor imposible de Balu y la construcción del Taj Mahal es correcta, tiene pocos giros y es un tanto previsible, siempre bajo mi punto de vista, por supuesto, pero está bien, engancha al lector, es atractiva, sin embargo, la parte más histórica más técnica de la construcción, de cómo se hizo, de la estructura social hindú, de las artes y las técnicas utilizadas para la creación de semejante maravilla, las pasa un tanto de refilón.

Claro que es posible que el autor fuera más específico en el manuscrito original y que por motivos de edición se hubieran decidido recortar, porque se me hace extraño que alguien escriba una novela ambientada en un monumento tan específico y después la información sobre el mismo sea más bien genérica. Esto que argumento es totalmente fruto de mi imaginación, pero como últimamente hay una tendencia en alza por parte de las editoriales de no “cansar” al lector, he pensado que podría venir por aquí.

Lo cierto es que la novela es muy agradable, está muy bien escrita, no cae demasiado en los tópicos y el lector se ambienta enseguida en el momento histórico de la trama. Se nota que el señor Pascual no es un neófito en esto y que sus letras tienen el temple de la experiencia. Un motivo, este talento, que ya de por sí sería suficiente para abordar y disfrutar la novela, pero que también sería deshonesto por mi parte no destacar que bajo el paraguas del premio que la adorna, esperaba un poco más.

Resumen del libro (editorial)

Una historia de amor con el transfondo de la construcción del Taj Mahal. Una mezcla perfecta entre Los pilares de la Tierra y Las Mil y Una Noches

Poco antes de que la bella emperatriz del Indostán, Mumtaz Mahal, cerrara sus ojos para siempre, su esposo le prometió honrar su recuerdo con el monumento más hermoso jamás construido. Taj es la historia de esa obra magnífica y de sus veinte mil héroes: arquitectos, calígrafos, maestros artesanos y obreros que, encaramados a lomos de elefantes, arrastraban enormes bloques de mármol. Una narración épica vista a través de la mirada de Balu, un muchacho del desierto con unas dotes extraordinarias para el dibujo, que se enfrentará a todos los convencionalismos para recuperar a su amada Aisha, recluida en el harén del soberano. Con el esplendor y las traiciones de la corte del Gran Mogol como telón de fondo, esta apasionante novela nos sumerge en un tiempo de leyenda, cuando todo un imperio trabajó al unísono para superar el mayor de los desafíos.

Anacaona, la última princesa del Caribe

Haz click si deseas leer gratuitamente los primeros capítulos de mi última novela: "Anacaona, la última princesa del Caribe"

Tras veintiséis años en tierras ignotas, Fray Ramón Paner regresa a su Barcelona natal con el legado de toda una vida: la historia del mayor descubrimiento de la humanidad.
En su memoria carga el testimonio de su llegada a la idílica isla de Ahíti junto a un grupo de bravos aventureros que bajo el mando del Almirante Cristóbal Colón fueron los protagonistas de la mayor gesta conocida por el hombre, pero también los encargados de someter las voluntades escondidas en ese exuberante nuevo mundo. 
Por su parte, aunados en torno a la figura de su líder, Caonabó, y de su bella esposa, Anacaona, los aborígenes intentarán defenderse contra un choque de mundos en el que el amor, el deseo, la envidia, la ambición y el terror arrastrarán a los hombres hasta los límites más recónditos de su condición humana.

Entre cielo y tierra, Jón Kalman Stefánsson


"Algunas palabras, quizá, pueden cambiar el mundo, pueden consolarnos y secar las lágrimas. Algunas palabras son balas de fusil, otras son notas de violín. Algunas pueden fundir el hielo del corazón e incluso es posible enviar palabras como brigadas de salvamento cuando los días son difíciles y nosotros quizá no estamos ni vivos ni muertos.".

Y es que de esto trata la maravillosa novela del señor Jón Kalman Stefánson, del amor por las palabras y de la vida y la muerte, de lo difuminado de su frontera en aquellos mundos de dureza y silencios como pudo ser la Islandia de finales de siglo XIX.

Con una prosa rica, rozando casi en cada párrafo la lírica poética, el autor nos presenta los personajes que forman la trilogía del muchacho. Una trilogía, por cierto, en la que yo entré directamente por la segunda entrega, La tristeza de los ángeles, y que ahora, tras leer el primer volumen de la misma, he podido ubicar cada pieza huérfana de lugar en su preciso espacio.

Pero es partiendo de esa dureza de la que hablaba que el autor nos introduce en los recovecos de un trabajo peligroso como es la pesca en aguas profundas y heladas. Una actividad que da de comer a la práctica totalidad de habitantes de la fría Islandia entre los que se encuentran los protagonistas de la novela, el muchacho, apenas un adolescente, y su amigo, Bárður, con quien comparte la afición por la lectura y las ansias por descubrir nuevos horizontes. Ambos se embarcan en la nave de Pétur, una de las múltiples embarcaciones que se adentran en un mar lleno de ahogados y bacalao en busca de estos últimos y rogando no formar parte de los primeros, junto a un grupo de hombres rudos, de barbas pobladas y parcos silencios. Pero en esa salida la desgracia se cierne sobre ellos y Bárður muere congelado al haber olvidado su abrigo por estar leyendo un libro de poemas.

Una muerte que sume al muchacho en la culpa y la tristeza y que lo hace perder toda esperanza de vida ocupando sus últimas fuerzas, antes de reunirse con Bárður por voluntad propia, en devolver ese libro maldito de poemas a su dueño, un capitán ciego que vive al otro lado del fiordo en la población pesquera de Lugar.

Allí llega con la intención de entregar el libro y lanzarse por un acantilado, pero se encuentra con un mundo nuevo, diferente a la aldea en la que dejó el cadáver congelado de su amigo, un mundo que le hace aplazar esa decisión del suicidio mientras va conociendo a los habitantes del pequeño hostal regentado por Geirþrúður, una viuda liberada que le da cobijo a cambio de que cada noche lea a Kolbeinn, el  capitán ciego, algo de sus más de cuatrocientos libros.

Y quizá en estas cuatro líneas de sinopsis haya resumido con bastante exactitud las cerca de doscientas páginas que ocupa la novela, porque en ella lo importante no es lo que pasa, sino como nos lo explica el señor Stefánson. Aquí no hay giros inesperados, buenos y malos, pistas que llevan a un tesoro o reliquia escondida, nada de eso, pues a través de una prosa pausada, a veces incluso lenta en un coqueteo continuo con el aburrimiento, el autor desengrana la novela entre metáfora y metáfora, entre reflexión y reflexión, obligando al lector a ir despacio, a ignorar las prisas que parecen cubrir cada átomo de nuestra existencia y a pausar la lectura como si fuera una sopa caliente que ha de tomarse a sorbos, pues como bien dicen sus propias letras “el infierno es estar muerto y darse cuenta de que no prestaste atención mientras podías hacerlo”, y quizá por esto sus letras son profundas y redondas, para que prestemos atención sin la prisa del qué viene a continuación, arboladura por otra parte de la mayoría de creaciones de nuestros días.

Entre cielo y tierra es una novela para leerla con calma, pero también con un lápiz y una libreta en la que anotar las muchas frases maravillosas que la componen formando párrafos como:
“... se golpea los muslos con las manos cuando las palabras se vuelven tan pesadas que un cuerpo humano apenas es capaz de soportarlas, porque el cuerpo humano es frágil, no aguanta tener encima una gran roca, no aguanta una avalancha ni el viento gélido, no aguanta la soledad, no aguanta baladas pesadamente cargadas de arcanos, traspasadas por la lujuria, por eso se golpea Pétur los muslos, para quitarse de encima las palabras.”.
Pero además de hermosa, mágica, poética, fría, dura y tierna como la vida misma, esta novela es también un lamento de amor por las palabras y los libros, una lucha queda y constante contra la prisa y la estulticia del ignorante, un homenaje a la pausa y reflexión con la que cualquier buena lectura ha de obsequiar a su lector y que el autor deja translucir en frases como éstas que se reiteran durante toda la obra:
“El silencio que sigue a un largo relato muestra si ha tenido interés o si se ha contado en vano, revela si el relato ha entrado y tocado algo o si sólo ha abreviado el tiempo, sin dejar nada tras él.”.
“Porque una cosa es haber aprendido a leer y otra distinta es saber leer, existe un abismo entre ambas cosas.”. 
“Por qué tendrá tantos libros un hombre tan malo, los libros tienen que pertenecer a hombres buenos.”.
Y esto mismo me pregunto yo, cómo alguien como yo tiene tanta suerte de leer estos libros.

Resumen de la novela (editorial)

Ambientadas en las pequeñas aldeas del oeste de Islandia, las historias de Jón Kalman Stefánsson exploran sutilmente los laberintos del alma humana a la par que destilan una visión poética de la existencia que no deja indiferente a ningún lector. Autor ampliamente reconocido en su país y ya consolidado entre los escritores europeos gracias al éxito obtenido en Francia y Alemania, ésta es su primera obra traducida al español. Los personajes de la novela se sitúan hace poco más de un siglo, en un poblado de pescadores de los fiordos occidentales, entre montañas escarpadas y un mar capaz tanto de dar alimento como de arrebatar vidas. Siguiendo una tradición centenaria, salen a pescar desde muy jóvenes en escuetos botes de seis remos en los que, a menudo, para alcanzar los bancos de bacalao, reman durante horas entre el oscuro oleaje. No saben nadar. Una noche, un muchacho, apenas un adolescente, y su amigo Bárður, con quien comparte su afición a los libros y sus ganas de conocer el mundo, salen a pescar con la cuadrilla de Pétur. Después de largar las líneas, mientras aguardan la captura, el horizonte se llena de nubes y se levanta una peligrosa ventisca de invierno. El bote inicia penosamente el regreso a tierra y, a medida que aumenta el frío polar, la frontera que separa la vida y la muerte puede depender de una sola prenda: un chaquetón de piel. Con un lenguaje minuciosamente trabajado, rico en singulares imágenes y metáforas, Entre cielo y tierra nos traslada a un mundo lejano, entre los sueños y la realidad, entre la conciencia y la inocencia, un mundo bañado en una luz crepuscular y melancólica, pero nunca triste, que permanece viva en la memoria del lector.

Bajo el cielo de los celtas, José Vicente Alfaro


No soy muy partidario de leer las obras de los amigos, o de los conocidos, porque para ser honestos, no son pocas las veces que he comenzado un libro de algún colega y lo he dejado a medias víctima de una gran decepción, en especial de algunos escritores que sólo utilizan la plataforma de Amazon sin combinar su publicación privada con selecciones editoriales, algo que creo que se da con la obra del señor José Vicente Alfaro, de quien no había leído nada anteriormente y cuya andadura por sus letras decidí iniciarla con su novela Bajo el cielo de los celtas, dueña de los primeros puestos desde tiempos inmemoriales en la lista de Novela Histórica de Amazon. 

Y muy merecidamente, me atrevo a añadir, pues el señor Alfaro, a quien respeto y envidio por sus éxitos, presenta en esta obra una novela pulcra, sencilla, muy bien documentada (por lo menos es lo que parece, ya que mi capacidad de juicio de la historia celta es más bien exigua por no decir inexistente), definida, tranquila, con algún tópico, pero sobre todo, con un estilo de tela de araña que hace que el lector que cae entre sus letras se quede atrapado sin más camino que el seguir y seguir hasta desentrañar la historia.

Bajo el cielo de los celtas es una novela que se sitúa en la Europa central unos quinientos años antes de Cristo, en pleno paso de la edad del bronce a la del hierro, y trama como ese cambio tecnológico afecta a los protagonistas de la historia, una tribu celta que ha de defenderse continuamente de los ataques de las tribus vecinas y de los ancestrales enemigos germánicos. Sin embargo, y en contra de lo que pueda parecer la mención celta, la novela del señor Alfaro no es una historia de batallas a lo Braveheart donde los protagonistas son bravos guerreros que enseñan sus peludas partes al enemigo antes de entrar en batalla, ni se trata de tribus bárbaras capaces de comerse un jabalí al más puro estilo de Obelix, nada de eso. Una de las cosas que más me ha gustado de la novela es que ha supuesto un descubrimiento de la cultura celta de la que nada sabía más allá de los propios cómics de Asterix y Obelix, y cuya mención en la propia novela a los druidas celtas me hacía aparecer continuamente en mi imaginación la gigantesca nariz ganchuda y la larga barba de Paronamix, con su hoz de oro en la cintura y la mano asida a un cucharón removiendo la famosa poción mágica. 

Pero más allá de estas absurdas comparaciones, y como decía al principio, las letras del señor Alfaro tienen la gran cualidad de ser envolventes, sencilla y pacientemente envolventes, pues sin que la novela adquiera dosis de velocidad endiablada en ningún momento, los avatares de los diferentes protagonistas, las historias que se entremezclan en la trama mayor y las pistas necesarias que va dejando el autor entre sus líneas, atan al lector a la trama y lo obligan a seguir adelante cada vez con mayor interés. Me es difícil describir este tipo de literatura, pero quizá la palabra que más claramente la englobaría sería “clásica”, porque así es como está estructurada la novela, presentación, nudo y desenlace, sin giros, sin flashbacks, sin mayores adornos que lo esencial.

He de reconocer también que por momentos la novela me ha recordado más a un ensayo que a una obra de ficción, y no tanto porque el autor se haya regalado en detalles técnicos o históricos fruto de su investigación, error por otra parte que cometemos muchos escritores de novela histórica, sino porque no son pocos los párrafos en los que para explicar algún hecho relacionado con la cultura celta sus palabras son “los celtas tenían, los celtas hacían, los celtas acostumbraban a…” y entonces explica qué es lo que hacían esos celtas. Con sinceridad, creo que esto le resta mérito literario a la novela y que quizá el autor debería haber encontrado otra vía más creativa para dar a entender esas situaciones.

Aunque bien pensado, quizá sea esa una de las claves del éxito de la novela, el equilibrio preciso, casi de laboratorio, que el autor consigue sin cansar al lector para introducirlo en su historia como el que no quiere la cosa…, no lo sé, la verdad, pero sí sé que Bajo el cielo de los celtas es una novela que me ha gustado, que incluso me desveló una noche de madrugada pensando en sus protagonistas y me mantuvo atado hasta la salida del sol pendiente de cada hilo argumental que el autor había dejado abierto hasta un final preciso, perfecto, cauterizador y que deja al lector con la sensación de haber asistido a las letras de un escritor con mucho oficio.

Resumen del libro (autor)

La cuna del celtismo en Europa central, varios siglos antes de nuestra era…

La tribu de los celtas nóricos vive una época de prosperidad bajo el gobierno del rey Calum, la sabia guía de su druida Meriadec, y la protección de sus valerosos guerreros, armados con las espléndidas espadas salidas de la forja de Teyrnon. Sin embargo, tiempos oscuros se ciernen sobre ellos. Un misterioso asesinato viene a perturbar el equilibrio de la comunidad, situación que se agravará cuando los germanos del norte, envalentonados por el despertar de sus dioses y el nuevo poder que estos les han otorgado, se atrevan a desafiarlos. Por otra parte, la obsesión de Cedric por la bella hija del general Murtagh le llevará a competir por su amor con Serbal, lo que desencadenará consecuencias imprevisibles para todos ellos.

Vive una extraordinaria aventura y sumérgete en la fascinante cultura celta, cuyo amor por la naturaleza no era incompatible con la ferocidad y el arrojo que demostraban en el campo de batalla.

Mudanza de los sentidos, Ángela Hernández Núñez



Coincidí en una presentación con la autora, premio nacional de literatura en 2016, y sus palabras me animaron a acercarme a su obra. Desconocedor absoluto de la biografía de la señora Hernández, por otra parte una de las autoras más galardonadas y conocidas del país, me decidí sobre  su novela Mudanza de los sentidos, ganadora del Precio Cole de novela breve en 2001, porque entendí que sería representativa de su estilo. Y he de reconocer que la capacidad literaria de esta afamada y premiada autora no desmerece su currículum, pero también comprendí la enorme dificultad que tienen las letras dominicanas para salir y darse a conocer al mundo, pues de nuevo el eje alrededor del que gira la novela es el trujillismo, un tema que es a la literatura dominicana es lo que la guerra civil y las tetas al cine español

Y si bien las tetas y la guerra son dos temas que a todo el mundo le resultan conocidos, el trujillismo y la dominicanidad no forman parte del imaginario de nadie más allá de los límites de la isla. 

La novela Mudanza de los sentidos es la historia de una niña que deja el campo para desplazarse a la ciudad en pleno auge de la dictadura de Trujillo, Rafael Leónidas Trujillo, un asesino que gobernó República Dominicana por treinta y un años, desde 1930 hasta 1961, en lo que fue una de las dictaduras más sangrientas de la América Latina. La historia de una niña a través de la cual se desgranan las relaciones personales entre los personajes que conforman el entorno de la menor, así como la vida más campestre de este hermoso país caribeño en plena dictadura. 

Con un lenguaje casi poético, la autora narra situaciones cotidianas en la vida de la niña y de su familia. Una familia pobre, descabezada por la muerte del progenitor y obligada a mendigar continuamente el favor de los vecinos del pueblo y de la familia del fallecido padre de la niña, personas que aprovechan cualquier situación para recordar a Beba, la madre, lo desgraciada que es y cuyas conciencias no aprueban el hecho de que la señora tenga pretendiente sin haber transcurrido los suficientes años de viudez. 

En un ejemplo claro de novela costumbrista que por momentos me ha recordado a lecturas de mi juventud, Réquiem por un campesino español o Los santos inocentes, sin que se parezcan en nada entre ellas, Mudanza de los sentidos es una de esas novelas en las que lo que no se dice es tan importante como lo que se manifiesta en voz alta. Novelas en las que los secretos, las envidias, las medio verdades y los abusos de los pudientes a los miserables flotan en el ambiente como una niebla que se cuela en cada una de las almas de los protagonistas de esos secretos.

En verdad la novela, a pesar de su brevedad, es rica en su concepción pero sufre, en mi opinión y como he comentado al principio, de un exceso de dominicanidad. Con un lenguaje repleto de palabras y expresiones extremadamente locales, se dificulta la comprensión y la lectura para personas ajenas al hermoso desafío dominicano al diccionario. Una característica  que se repite en otras novelas a las que también he tenido acceso, y que creo que es una de las causas de encierro de la literatura dominicana en una espiral sin salida, pues además de que muchas de sus letras versan en torno a figuras locales de escasa presencia internacional, como el propio Trujillo o Balaguer, el lenguaje tan caribeño aparta a sus autores del conocimiento, y reconocimiento, que merecen fuera de sus fronteras.  Que nadie mal interprete mis palabras, este exceso de dominicanidad, por decirlo de alguna forma, no es ningún problema, ni estoy en contra, ni me refiero con esta reflexión a la política o la vida cotidiana, ni mucho menos a sus gentes, esta situación la circunscribo únicamente a la literatura criolla. Cualquiera que me conozca un poco sabe de mi admiración por la belleza del país y de mi gratitud con él, pero el mundo no se acaba en las costas dominicanas, y allende ellas todo ese exceso de verbo frena al lector y por ende al reconocimiento de sus autores.

De todas formas, Mudanza de los sentidos, es una novela que me ha gustado, que está muy bien escrita, que filtra en cada página el talento de su creadora. Reconozco que no es mi estilo, ni como escritor ni como lector, pero estoy convencido de que para aquellos lectores con un mayor sentido de la lírica que un servidor, es una novela que los dejará encantados y los acercará a una realidad tan vil como mágica.

Resumen del libro (editorial)

Mudanza de los sentidos ganó el Premio Cole de novela breve en 2001. Desde entonces, lleva más de diez ediciones impresas. Reveladora de un mundo vivo y recóndito que escapa, a través de la imaginación y la poesía, a la lógica atroz de la dictadura trujillista; mundo de dicha frente a la adversidad, sustentado por el poder de las palabras. La niña narradora va tejiendo el hilo de su vida y la de quienes le rodean mediante una densa expresión de matices poéticos y peculiaridades del habla oral rica en mitos, ritmos y ritos. “Ángela Hernández Núñez construye un universo a medio camino entre la ironía y la inocencia”. “Humor negro femenino”, “el lenguaje como protagonista”, “un universo narrativo que no tiene antecedentes en la historia literaria dominicana”, “fresca, real, actual”, “se goza, se llora, se ríe”.

Tan poca vida, Hanya Yanagihara


Tan poca vida es una novela de casi mil páginas que pasa como un susurro, como un aliento cargado de dolor, de amor, de silencio y amistad. No recuerdo haber leído jamás una novela en la que los silencios hubieran estado mejor descritos ni hubieran gozado de tanto reconocimiento. 

Lo cierto es que cuando leo una novela, muchas veces siento en mi interior que yo habría podido escribirla. Por supuesto es un sentimiento falso, porque si pudiera escribir muchas de las cosas que leo, las habría escrito, pero es una forma de rasar las historias que caen en mis manos. Pienso en esas ocasiones que si yo hubiera tenido el tiempo y la idea, bien podría haber escrito esa novela, o en cualquier caso, copiarla en una parecida. Sin embargo, con Tan poca vida, y reconociendo por adelantado que en toda mi existencia se me habría ocurrido escribir algo así, la verdad es que no sería capaz de reproducir un solo capítulo aunque empezara a escribir desde ahora mismo hasta el fin de mis días, y eso tiene una causa, el talento. La escritora de origen hawaiano Hanya Yanagihara lo tiene, y por eso el resultado de sus letras es mucho más que maravilloso, es único, milagrosamente talentoso y único. 

En Tan poca vida se narra la amistad entre cuatro hombres por más de tres décadas, JB, Malcom, Willem y Jude, especialmente Jude St. Francis, el verdadero protagonista y eje vertebrador de la novela. Un grupo de amigos que sencillamente ha triunfado. JB es un afamado pintor, Malcom un extraordinario arquitecto, Willem un actor mundialmente famoso y Jude un reputado abogado, un tipo que hace temblar a la corte sólo con pisar el estrado. Todos ellos son ricos, prestigiados en sus áreas laborales, ganadores, triunfadores, pero en la novela nada de eso importa, como no importa en la vida real qué hace uno, sino quién se es en realidad, y ahí es donde la señora Yanagihara mete sus manos hasta el fondo para enseñarnos quienes son ellos, para mostrarnos el dolor infinito que atesora Jude y cómo afecta al resto de sus amigos. Un dolor que se percibe hasta en el sencillo hecho de pasar las páginas, un dolor que trasciende al físico a pesar de que éste alcanza cuotas que ninguno de nosotros seríamos capaces de resistir, un dolor que te encoge el alma y hace que desees abrazar a Jude a pesar de que él no lo consentiría jamás. 

Hanya Yanagihara se mete en las almas de los hombres, en los entresijos más íntimos de nuestra amistad y las lleva, durante una novela larga desgraciadamente corta, hasta sus últimas reflexiones. Tan poca vida no es una novela de grandes amistades forjadas en lo adverso ni en los logros, aquí no se habla de hombres que trabaron sus amistades de por vida en la guerra, que comparten un secreto que los mantiene unidos, o que forman parte de un equipo de basketball, nada de eso, la amistad de Tan poca vida es una amistad corriente, urbana, de hombres que son amigos porque sí a pesar de todo. De hecho, una de las cosas que más me aterró de esta novela es la capacidad de sus personajes por amarse entre ellos respetando los secretos de los demás. Tan poca vida es una historia de amistad y de relaciones, de cómo cada uno ha de labrarse la relación que más le convenga en la vida aunque eso le obligue a apartarse de los cánones más extendidos en nuestra sociedad. Harold y Julia, dos personajes también magníficos, por ejemplo, deciden adoptar a Jude, cuando éste ya cuenta con treinta y un años. JB es negro y gay en un momento en el que ya no se discrimina ni por lo primero ni por lo segundo, “Al parecer, estaba perdiendo el victimismo, el sentimiento de agravio y la perpetua cólera que entrañaba ser negro, pero estaba seguro de poseer lo que se requería para ser gay.”, y cuyas relaciones con otros hombres van de fracaso en fracaso en una espiral de autodestrucción, Malcom, el joven de posición más desahogada que hacía casitas con papel en la universidad, y Andy, el médico de Jude, quizá sean los únicos dos personajes con unas vidas de corte más estándar, por decirlo de alguna forma, pero aún así sus relaciones son complejas y los miedos que las pueblan están presentes en cada faceta de sus vidas. Sin embargo, la relación más apartada de los tópicos es la que une a Willem y a Jude, “estaban inventando su propia modalidad de relación y habían escogido una que no tenía reconocimiento oficial en la historia ni había sido inmortalizada en la poesía o las canciones, pero que parecía más sincera y menos opresiva”, por definirlo en las propias letras de la autora. Una relación que pasa de la amistad incondicional y profunda al amor, pero no al amor físico como podría darse en cualquier pareja, sino a un amor especial, de reconocimiento, de aceptación, de madurez y de confianza. Un paso hacia la comprensión del otro que me pareció extraordinario. 

Pero además de la amistad y su importancia, o por ponerlo en boca de la autora: “… la amistad en sí misma es el milagro de encontrar a alguien que haga que este mundo solitario lo parezca menos”, el otro eje sobre el que gira la historia es el dolor. Un dolor directo, físico, continuo. Un daño que rebosa en cada página mientras uno asiste, como el resto de personajes, impotente al deterioro, autoinfligido en muchas ocasiones, de Jude y que lo arrastra por mano de su autora hasta que consigue perturbar la conciencia del lector. Jude, que sufrió abusos en su infancia de las formas más terroríficas, vive continuamente atado a ese sentimiento de pavor y autoinculpación típica de las víctimas que no consigue apartar aún incluso habiendo alcanzado un éxito social y profesional envidiables. Hay momentos en los que la tragedia crece de una forma tal que te arrastra hasta el llanto silencioso y vergonzante, pero incluso entonces, el dolor de Jude consigue llegar más allá desviando tu mirada hacia rincones a los que jamás nadie debería haberse asomado.

Una tragedia que alcanza a todos los demás, lector incluido, y que se ceba en aquellas personas que consiguen amar a Jude aún sin conocer ni un detalle de lo terrible de su historia, pues esa es otra maravilla de la novela, nadie sabe qué le ha ocurrido en verdad a Jude. Sólo lo ven sufrir, autolesionarse, apartarse cuando las conversaciones rozan su pasado, mantener su gran secreto incluso a Harold y Julia que lo aman como a un hijo hasta el punto de adoptarlo con treinta y un años, a él, a un huérfano maltratado hasta la bestialidad en su infancia, a él, a un ser despreciable que no merece el amor de los demás, y que sin embargo lo despierta, como lo despierta en Andy, su médico y única persona ante la cual es capaz de desnudarse y mostrar su cuerpo mancillado por las cicatrices de su pasado. Otro éxito más de la autora al crear esas historias de amor desde la barrera que el propio Jude extiende a su alrededor, un amor fundamentado en el miedo a perder a ese ser amado y que es más fuerte incluso que el deber por sanarlo. Un amor que se asienta en el respeto, en el silencio, en la comprensión tácita y en la incondicionalidad de los sentimientos.

Lo más curioso es que incluso después de mil páginas uno se queda con la sensación de que le ha sabido a poco, porque la vida de Malcom, JB, Jude y Willem, en especial de estos dos últimos, llega un momento en que forma parte de la propia, y cuando se acaba la novela el sentimiento de duelo es similar a la pérdida de un amigo, y es que además de ese dolor que impregna hasta la tinta de las letras de las que está hecha la historia, también está surcada de sentimientos, de lúcidas reflexiones, de amor, de silencios, de aceptación, de pequeños milagros como el de la propia amistad, pero sobre todo está hecha de talento, del talento infinito que despliega esta autora norteamericana en una novela maravillosamente bien escrita y la cual me ha dejado un sentimiento de duelo que no sé cómo podré resolver.

Resumen del libro (editorial)

Una novela que sigue el hilo de la gran literatura norteamericana y que ha llegado para dar un nuevo sentido al silencio y un nuevo valor a las emociones.

La novela que hay que leer.

Para descubrir...
Qué dicen y qué callan los hombres.
De dónde viene y dónde va la culpa.
Cuánto importa el sexo.
A quien podemos llamar amigo.

Y finalmente...
Qué precio tiene la vida y cuándo deja de tener valor.

Para descubrir eso y más, aquí está Tan poca vida, una historia que recorre más de tres décadas de amistad en la vida de cuatro hombres que crecen juntos en Manhattan. Cuatro hombres que tienen que sobrevivir al fracaso y al éxito y que, a lo largo de los años, aprenden a sobreponerse a las crisis económicas, sociales y emocionales. Cuatro hombres que comparten una idea muy peculiar de la intimidad, una manera de estar juntos hecha de pocas palabras y muchos gestos. Cuatro hombres cuya relación la autora utiliza para realizar una minuciosa indagación de los límites de la naturaleza humana.

Tan poca vida se ha convertido en un auténtico fenómeno literario, un éxito sin precedentes en las redes sociales que ha sido unánimemente aclamado por la crítica y los lectores. Hanya Yanagihara, su autora, ha sido comparada con Jonathan Franzen y Donna Tartt por su capacidad para describir con maestría la psicología de personajes complejos y hallar en el camino respuesta a cuestiones universales. Una nueva y joven voz literaria que ha llegado para quedarse.

Mejor novela del año según The New York Times, The Washington Post, The Wall Street Journal, Vanity Fair, Vogue, The Guardian, The Economist, Newsweek, People, Time Out New York, Huffington Post, Publishers Weekly, Kirkus Review, entre otras.

Criadas y señoras, Kathryn Stockett


Hace muchos años, siendo yo adolescente, leí por primera vez La ciudad de la Alegría, del escritor Dominique Lapierre, y fue (que yo recuerde) la primera vez también que lloré amargamente sobre las páginas de un libro. Desde entonces, y siempre que leo de nuevo esa maravillosa novela, el efecto que me causa es el mismo a pesar de contar ya con medio siglo de experiencia sobre mis espaldas. Por el camino he leído un poco, no demasiado, pero unos cuantos centenares de libros sí han caído y el efecto lacrimógeno no se ha repetido de nuevo hasta leer esta novela, The Help, o como se tradujo en español, Criadas y Señoras. 

Siempre me ha emocionado el reconocimiento público de la labor de la buena gente. Me emocioné cuando al final de la película “Una mente maravillosa” todos los rectores de Princeton reconocen el trabajo de una vida del Premio Nobel Nash y le regalan sus estilográficas. Son esos momentos puntuales en la vida de un ser humano que te hacen pensar que todo el esfuerzo para llegar ahí ha valido la pena, porque no hay mayor reconocimiento que el de los tuyos, el de los que comparten tus mismas pasiones, frustraciones, anhelos y esfuerzos para llegar ahí donde tú, en un momento de dicha intenso, has conseguido poner tus pies.

Esto lo he vivido leyendo Criadas y Señoras.

La historia en sí no tiene nada de original, de hecho es el continuo choque de clases y razas entre una sociedad rica, en este caso los blancos de Jackson, Mississippi, en los años sesenta, y los negros pobres que les hacen de sirvientes. Un choque en el que se tocan todos los aspectos de la vida, las apariencias, los sentimientos, las personalidades, la aceptación social, la economía,…, nada que no ocurra exactamente hoy de la misma forma en mil lugares diferentes en uno de los cuales vivo yo, sin ir más lejos. Sin embargo, lo que sí es novedoso en la novela de la señora Stockett es la forma de contarlo, pues lo hace desde dos atalayas diferentes, una explicando las historias de todos sus protagonistas en la primera persona de tres mujeres, y dos, recreando las historias que se explican como si formaran parte de las autobiografías de las protagonistas. Tanto es así que cuando supe que todo era ficción, he de reconocer que sentí una punzada de decepción porque durante toda la novela estaba convencido de que era una historia real autobiográfica de la propia autora.

Decía que la novela está narrada en primera persona por tres mujeres, una blanca, miembro además de la sociedad pudiente de la ciudad, y dos negras, ambas sirvientes de familias blancas desde su adolescencia. La chica blanca, Eugenia Phelan, o "Skeeter" como la conoce todo el mundo, regresa a Jackson, en el condado sureño de Mississippi, tras haber acabado su carrera en la universidad con el sueño en su cartera de ser escritora. Ella, que como todos los blancos de la ciudad también había sido criada por una sirviente negra, siente un cierto afecto hacia los negros que no es demasiado compartido por el resto de ciudadanos blancos, y muy en especial por los miembros de la sociedad de chicas de la ciudad, La liga de las damas, de la que ella misma forma parte y en la que están representadas todas las esposas de los hombres de Jackson.

Las otras dos protagonistas son Aibeleen y Minny, dos criadas negras. La primera siempre ha cuidado niños blancos y la segunda es la mejor repostera del condado, sin embargo, y a pesar de ser buenas amigas, ambas son totalmente diferentes. Aibeleen es mayor, dulce, frustrada por el hecho de que los niños a los que cuida con amor acaban convirtiéndose en racistas al alcanzar la pubertad, y destrozada también porque mientras cuidaba a uno de esos niños blancos, su único hijo murió en un accidente laboral; y Minny, todo lo contrario, madre de familia numerosa, con un marido maltratador, con poca paciencia para los niños y una boca que le hace perder cada trabajo para el que es contratada. Aún así las dos mujeres encuentran trabajo, la primera, Aibeleen cuidando a una niña a la que su madre ignora y que el único amor que recibe es el de su cuidadora, y Minny como criada de la excéntrica esposa de uno de los industriales de la ciudad y que es odiada y repudiada por la poderosa Liga de Damas al tratarse de una mujer de otro condado que tuvo el atrevimiento de quitarle el marido a la presidenta de esa liga. Un personaje, por cierto, la tal presidenta, que encarna todos los males del racismo de la época.

Skeeter decide escribir un libro que no se haya hecho jamás, y piensa que una buena idea puede ser narrar las historias sobre sus familias bajo el prisma de una docena de sirvientas. En su afán consigue convencer a Aibeelen, quien lo hace con el temor inmenso de que la descubran y la despidan (o algo peor), pero que aún así consigue arrastrar en ese proyecto a Minny, y con ella a la mitad de las sirvientas de la ciudad. Skeeter comienza a ver entonces a todas sus amigas con los ojos de sus sirvientas, lo que acaba produciendo un cisma en su vida personal. A través de esas entrevistas a sirvientas, la autora va narrando la vida de la mayoría de los personajes de la ciudad y con ellos la realidad social de los años sesenta en el sur de los Estados Unidos, hasta que hacia el tercio final de la novela, su protagonista, Skeeter, logra la publicación de la obra y ésta corre como la pólvora entre las blancas ricas de Jackson. 

Y es ahí, cuando la obra llega a las manos del público y todo el mundo puede ver a las ricas blancas con los ojos de las criadas negras, cuando en una escena que me emocionó, toda la comunidad negra de Jackson se da cita en la iglesia para homenajear a Minny y a Aibeelen por su valor al haberse atrevido a colaborar con una blanca y haberse atrevido a publicar la novela.

Como decía, la historia en sí no tiene demasiado de original, pero la novela está escrita de manera maravillosa. Con una prosa que en la traducción se hace un poco compleja al principio, poco a poco va calando en el corazón del lector y esas mujeres se van convirtiendo en pequeñas heroínas a las que uno aplaude página a página sus conquistas. Sin grandes giros en el guión, sin aspavientos, sin levantar casi la voz, la novela va tomando una velocidad que atrapa al lector, que lo sume en los miedos y anhelos de sus tres protagonistas, que lo abruma con sus problemas y lo enciende con sus injusticias. Una novela en la que el mayor mérito de su autora no es denunciar lo malos que eran los blancos con los negros, sino convencernos de que todos los que allí aparecen existieron en realidad, y de que ella, la autora, es la misma Skeeter que vivió la gran aventura de sacar un libro a la luz con las vergüenzas de sus amigas gracias al valor de la que siempre habían estado oprimidas. Una historia que conmueve profundamente a pesar de no haber una sola cucharada de azúcar o de exceso en sus letras, una novela que no puedo dejar de recomendar y que me recordó, cuarenta años después, que aún tengo corazón.

Resumen del libro (editorial)

Skeeter, de veintidós años, ha regresado a su casa en Jackson, en el sur de Estados Unidos, tras terminar sus estudios en la Universidad de Mississippi. Pero como estamos en 1962, su madre no descansará hasta que no vea a su hija con una alianza en la mano. Aibileen es una criada negra. Una mujer sabia e imponente que ha criado a diecisiete niños blancos. Tras perder a su propio hijo, que murió mientras sus capataces blancos miraban hacia otro lado, siente que algo ha cambiado en su interior. Se vuelca en la educación de la pequeña niña que tiene a su cargo, aunque es consciente de que terminarán separándose con el tiempo. Minny, la mejor amiga de Aibileen, es bajita, gordita y probablemente la mujer con la lengua más larga de todo Mississippi. Cocina como nadie, pero no puede controlar sus palabras, así que pierde otro empleo. Por fin parece encontrar su sitio trabajando para una recién llegada a la ciudad que todavía no conoce su fama. A pesar de lo distintas que son entre sí, estas tres mujeres acabarán juntándose para llevar a cabo un proyecto clandestino que supondrá un riesgo para todas. ¿Y por qué? Porque se ahogan dentro de los límites que les impone su ciudad y su tiempo. Y, a veces, las barreras están para saltárselas. Un libro inolvidable que se ha convertido en un éxito gracias al boca-oreja de los lectores.

La tristeza de los ángeles, Jón Kalman Stefánsson


La noche es oscura y silenciosa en invierno. Nosotros oímos los suspiros de los peces en el fondo del mar, y los que suben a la montaña o por las sendas de la meseta pueden escuchar el canto de las estrellas. Los ancianos, con la sabiduría que les da la experiencia, dicen que allí arriba no hay más que tierras baldías y peligros mortales. Si no aprendemos de la experiencia podemos morir, pero nos marchitamos si le damos demasiada importancia. En algún lugar está escrito que ese canto es capaz de despertar en ti la desesperación o la divinidad. Sería cuestión de subir a las montañas en las noches serenas y oscuras como el infierno en busca de la locura o la felicidad, y entonces quizá le encuentres el sentido a la vida. Pero no son muchos los que se arriesgan a emprender semejantes viajes; por caros que sean, tus zapatos quedarán destrozados y serás incapaz de afrontar las tareas cotidianas por culpa de la vigilia nocturna, y si tú no puedes, ¿quién va a hacerse cargo de tu trabajo? La lucha por la vida no combina demasiado bien con los sueños, la poesía y el bacalao seco son incompatibles, y nadie puede alimentarse de sus sueños.
Así vivimos.
El hombre se muere si le quitan el pan, pero si no tiene sueños, se marchita. Las cosas importantes no suelen ser complicadas; sin embargo, necesitamos la muerte para darnos cuenta de algo tan simple.

Este es uno de los muchos párrafos que no he podido dejar de anotar, de subrayar, de leer y releer, de marcar con esquinas dobladas en muchas de las páginas de esta novela sublime. Hacía mucho que no dejaba un libro tan ajado como La tristeza de los ángeles, hacía mucho que no sentía tanto frío, ni me acercaba a la crudeza de la vida como con esta novela. 

Recuerdo que la vi la última vez que estuve en Barcelona, en un estante, con su portada blanca y su banda roja cruzándola como el paralelo 19 hace con la isla de la Hispaniola, entonces su título me llamó la atención, La tristeza de los ángeles, de Jón Kalman Stefánsson, un autor islandés del que no había oído hablar en mi vida, aliciente suficiente para echarla a la bolsa con la sensación de portar un tesoro. Y así ha sido, porque realmente la historia es maravillosa.

La trama en sí, a pesar de no ser demasiado original, sí es sorprendente, pues a un aislado pueblo de la costa oeste de Islandia llega de repente el cartero, Jéns, un tipo rudo, grande, parco en palabras, medio congelado, a la casa de Helga, una especie de lugar de reunión donde varias personas se encuentran tomando café y aguardiente, y escuchando recitar Shakespeare de labios de un joven forastero que había llegado a la aldea unas semanas atrás  con un baúl lleno de libros. Tras un breve descanso, el cartero parte de nuevo con rumbo a los fiordos más remotos de la región para continuar con su reparto, pero esta vez lo acompaña ese joven forastero, el muchacho, con quien se embarca en una peligrosa travesía desafiando tormentas, ventiscas, acantilados y los mil peligros que se dan cita en esa región ignota y hostil del planeta. Y es a partir de esa travesía donde la novela me pareció una de las mejores que haya leído jamás.

Reconozco que al principio se me hizo muy cuesta arriba, mucho, porque todo es extraño. El lenguaje es extraño, los paisajes son extraños, el alfabeto es extraño, los nombres son extraños, Bárður, Geirþrúður, Pétur, Þorvaldur, Bjarni, Kolbeinn (este merece mención aparte), nombres que uno no sabe si son masculinos o femeninos, si son de personas, de cosas, de lugares, de ríos o de fiordos, nombres, palabras que descolocan al lector porque ha de tener una memoria prodigiosa para recordar cada uno de ellos y que dificultan la normal transición en la novela. Decía que Kolbeinn merece mención aparte porque me pareció un personaje muy digno. Él es una de esas personas que están tomando café en la casa de Helga, un viejo marino que se ha quedado ciego y que obliga al muchacho a que le lea libros porque él ya no puede. 

Nombres y lugares que pueblan la primera parte y que poco a poco comienzan a desparecer como desaparece todo lo demás en cuanto Jéns, el cartero, y el muchacho parten a entregar el correo y se aventuran en su inhóspito viaje. En ese momento, en lo que corresponde a la segunda parte de la novela, la vida se va condensando en una sola idea, sobrevivir donde lloran los ángeles, donde sus lágrimas, la nieve, cubren todo incluso el alma de los hombres. Jéns y el muchacho caminan cargados con las sacas de correo y van visitando diferentes lugares, granjas apartadas donde se encuentran con realidades extraordinarias. Un reverendo que no puede satisfacer a su mujer, una familia con hijos enfermos, una granja en la que apenas la pareja de abuelos que allí viven caben de pie, otra granja donde ha muerto la madre de la familia meses atrás y no pueden enterrarla hasta la primavera porque el invierno los tiene completamente aislados mientras que el fantasma de esa madre guía a los desconocidos hasta la granja para que se la lleven, un hombre que hace mil trescientos días que no hace el amor porque ese es el tiempo que hace que no ve a la única mujer que quiso acostarse con él, historias, recuerdos, confesiones que brotan de golpe en los corazones solitarios de los personajes abandonados por la mano de Dios hasta que Jón Kalman Stefánsson los rescata en sus páginas para los lectores, y que vuelven a quedar allí, sepultados por las páginas como si fueran toneladas de nieve esperando a que otro lector los salve del olvido, a que otro cartero los visite con noticias y cartas remotas de algún pariente o de algún asunto oficial. “Estaba preparado para que la muerte llamase a mi puerta, pero no el cartero, dice el hombre” en uno de esos muchos párrafos subrayados.

La tristeza de los ángeles está cargada de poesía en su prosa, de elegancia, de dureza, de realidad, pero también de esperanza a veces encarnada en el muchacho, mucho más joven que el cartero, y que todavía atesora algo de humanidad, de ilusión por vivir, de confianza en las palabras y en las relaciones con la gente, todo lo contrario que Jéns, quien a fuerza de atravesar las ventiscas y las tormentas en solitario se ha acostumbrado a permanecer en silencio y a avanzar con un tesón que ni el mismo diablo puede detener y que se ha convertido en su única razón de existir.

Sin embargo, y aún a pesar de la extrema dureza de los paisajes, de las relaciones, de la vida, no es una novela triste, bien al contrario, es una novela casi de aventuras, perlada con gotas de humor e ironía de alto octanaje, pero también sobria, transcendental, poética, burlona y humana. Tan humana como la relación que se establece entre dos personas cuando se enfrentan a la muerte, la relación entre el muchacho y Jéns basada en las cuatro frases que se pueden gritar a través del viento endiablado, en los breves descansos en que llegan a un refugio o cuando consiguen asilo en alguna de las granjas en las que dejan su correo. Un reconocimiento de las relaciones humanas en un lugar donde no hay apenas humanos y donde esos humanos apenas emiten palabras.

Como decía, es una novela que he dejado tiznada de rayas, de marcas, de hojas dobladas y frases magníficas.
Hoy no puedo ir a trabajar por culpa de la tristeza.
Ayer vi esos ojos y por eso no puedo ir a trabajar.
Hoy me resulta imposible ir al trabajo porque mi marido está tan hermoso desnudo…
Hoy soy incapaz de hacer nada porque la vida me ha traicionado.
No puedo ir a la reunión porque hay una mujer tomando el sol delante de mi casa y su piel resplandece.
Nunca nos atrevemos a escribir estas cosas, …
Pues el señor Jón Kalman Stefánsson sí lo hace, y lo hace en esta novela maravillosa que nadie debería perderse.

Resumen de la novela (editorial)

Consolidado ya entre los escritores europeos más relevantes del momento, el islandés Jón Kalman Stefánsson transporta al lector a un territorio situado entre los sueños y la realidad, entre la inocencia y la conciencia, un lugar bañado en una luz crepuscular y melancólica que permanece viva en la memoria. En esta obra de singular valor literario, el autor de Entre cielo y tierra —primer volumen de una trilogía— explora las profundidades del alma humana con tal maestría que logra emocionarnos como sólo lo consiguen un puñado de libros en cada generación.

El invierno llega a su fin, pero la nieve aún lo cubre todo: el suelo, los árboles, los animales, los caminos. Luchando contra el gélido viento del norte, Jéns, el cartero que recorre los aislados pueblos de la costa oeste de Islandia, se refugia en casa de Helga, donde varias personas se encuentran reunidas bebiendo café y aguardiente, y escuchando recitar Shakespeare de labios de un joven forastero que llegó a la aldea tres semanas atrás con un baúl lleno de libros. Sin embargo, ni el calor del hogar ni la buena compañía retienen a Jéns, que continúa la marcha para entregar el correo en uno de los fiordos más remotos de la región. Sólo que esta vez lo acompañará el muchacho desconocido, con quien, atravesando tormentas y ventiscas, recorrerá los senderos que bordean los acantilados en una peligrosa travesía marcada por los encuentros con los granjeros y pescadores de la zona. Durante la dura jornada, los dos viajeros gozarán también de momentos de gran belleza, estoicismo y ternura, y sus disquisiciones sobre el amor, la vida y la muerte derretirán lentamente el hielo que los separa de sí mismos y del resto de los hombres.

La tristeza de los ángeles es un libro de una belleza tan única y envolvente como los fúlgidos paisajes que recorren los protagonistas entre noches pobladas por los susurros de un entorno invisible e insondable. En ese medio inhóspito, cuando la línea que separa la vida de la muerte es tan frágil, sólo importa lo que realmente nos ata a este mundo.